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Miércoles 19 de junio de 2013

'Final Four': penetro y triple

Deje su comentario  Ver comentarios 03-05-2009 23:44:03
Paco Rengel

Igual que en su día estudiar las finales universitarias marcaban las pautas a seguir por el juego en Europa, ahora la ‘Final Four’ es el espejo donde miran los entrenadores para alimentar sus enseñanzas de la temporada próxima. Después de tres excelentes partidos –perdón, pero no vi el del tercer puesto–, creo que puedo incidir algo sobre lo conocido.

En primer lugar, hay que evaluar la trascendencia de la defensa en el juego. Ninguna estrella, por mucho que cobre, se puede permitir el lujo de flaquear en esa faceta. Partiendo de esta base, de que a los jugadores se les supone valor y defensa, abordemos las fórmulas de ataque.

Aunque ha dado cuenta a lo largo de la temporada de su potencial, calidad y eficacia, el papel del pívot serbio Nikola Pekovic no ha sido fundamental para que el Panathinaikos se haga con el título en Berlín, a pesar de que su entrenador y el equipo lo intentaron con insistencia y oficio. Es más, en los momentos importantes ha sido el más polivalente Batiste quien ha estado en la pista: su facilidad para lanzar a canasta de cara al aro ha resultado más valiosa para su equipo. O sea, que lo del pívot en extinción no es una previsión, sino una realidad.

La primitiva fórmula del contraataque continúa en vigor y es apreciadísima por los entrenadores: es el fruto inmediato de una buena acción defensiva y se podría decir que es un enceste con valor doble, ya que no se puede anotar más fácilmente en otra situación del juego.

Sin embargo, dada la técnica de jugadores de tan excelsa calidad, por muy agresiva que sea la defensa, esas jugadas ideales no se multiplican a lo largo de los partidos.

La línea de 6,25 metros y la especialización en ese tiro del 80 por ciento de los jugadores que están en el parqué hará variar con el tiempo los métodos defensivos. Y es que, como se ha comprobado en Berlín, la penetración para cerrar defensas y buscar el pase al hombre más alejado de la canasta ha sido norma común. Se pretende la comodidad del lanzador, fundamentalmente. Cada vez más se ocupan esas posibles líneas de pase, pero aún quedan resquicios o errores para que un triplista esté solo en la esquina opuesta. Con el tiempo, esto tampoco ocurrirá.

Lo que sí me ha llamado la atención es que los jugadores cada vez son más osados para lanzar: no les importa tener al rival encima; arman el brazo y saltan sin inmutarse. Si no, pregúntenle a David Andersen qué hizo en la semifinal.

Creo que los Laso llevan razón en lo de que el campo se ha quedado pequeño. Si no, recuerden la jugada de la final en la que Lorbek se queda solo en el poste bajo, duda durante un segundo, y le hacen ¡un cuatro contra uno! Los atletas vuelan, está claro. Pero, quizás las distancias sí que se hayan quedado obsoletas para tanto músculo y rapidez.

Penetro y triple. ¿Por qué ganó la final el Panathinaikos? (Aparte el miedo que le entró en la segunda parte; eso no cambia) Porque metió 13 triples (39 puntos) y se quedó en 10 (20 puntos) en tiros de dos. Messina, con Langdon fuera de combate, no contó con artillería de precisión.

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