"Hace tres años quise dejarlo"
Paco Rengel
“Me marché de España decidido a dejar el baloncesto”. La frase corresponde a Gustavo ‘Panchi’ Barrera, base uruguayo de 25 años, 1,92 metros y nacionalidad española. Lo recuerda como si fuera ayer, aunque hayan pasado tres años. Y lo dice con una alegría en su rostro que invita a recordar el consabido dicho de las vueltas que da la vida. Panchi no tiene prisa ahora: su objetivo es inmediato, ganarse minutos en los partidos de preparación del Unicaja, su nuevo equipo. Y después tampoco dispara las expectativas: “Jugar en la ACB es mi reto”. Quizás, cuando era más joven, le obligaron a ir demasiado deprisa. Ha aprendido.
Que conste que el entrevistador puede sufrir un deterioro en su objetividad al confesarle el interlocutor que el jugador que siempre le fascinó fue Pepe Sánchez. Hecha esta puntualización, abramos el intento de Barrera por reconquistar España.
Sí, reconquista. Porque Panchi llegó a España en el año 2002 de la mano de su compatriota Óscar Moglia, quien se lo recomendó a Manel Comas. El Joventut apostó por el base. Gustó desde el principio. Pero ya en su primera campaña tuvo dudas: “Estaba decidido a marcharme, pero me pidieron que aguardara, que se celebraba el Torneo de Hospitalet, una competición importante. Entonces me salieron muy bien las cosas y desistí de volver a mi país. Era como un sueño; jugar en Europa. Me salía todo muy rápido; quizás demasiado”.
¿Lo mejor de aquella época?
Sin lugar a dudas, los compañeros, los padres de éstos y el entrenador, Xavi Castillo. Yo estaba solo en España y todo el mundo se volcaba para que estuviera con ellos.
En su época júnior a Panchi Barrera lo apuntaban ya como gran estrella del baloncesto, no sólo en la ACB. Su calidad técnica y su imaginación a la hora de dirigir a sus compañeros eran avales suficientes para que la Penya soñara con un nuevo diamante. Pero no resultó tan idílico.
Y llegaron los peores momentos…
Como no tenía pasaporte, al concluir la edad júnior, sólo podía entrenarme. Fue muy duro. Un jugador sin competir no es jugador.
Y empezaron las cesiones a la LEB…
Sí. No me adapté. Acusé excesivamente los dos años sin jugar. Y no cuajé.
Quizás ese periodo coincide con la progresiva evolución del ‘base cerebral’ al ‘base físico’…
Es posible. El caso es que en la LEB no te permitían un error los contrarios. Me resultó muy difícil…
Entonces…
Ya no podía más. Negocié la ruptura del contrato con el Joventut y decidí volver a casa, convencido de que mi etapa en el baloncesto había terminado. Era el final de la temporada 2006-07.
¿Qué me dice?
Sí, sí. Lo tenía decidido. Iba a reanudar mis estudios y, quizás, con un poco de dinero que junté, poner algún negocio. Pero el baloncesto lo iba a abandonar.
Pero…
Encontrarte arropado por la familia te hace ver las cosas de otra forma. Ganas en seguridad. Fueron ellos quienes me convencieron de que tenía que insistir, jugar allí, en Uruguay, con mi gente. Y así lo hice. Tanto en mi país como en Venezuela me he sentido jugador
¿Y ahora?
No me considero un jugador incógnita. Tengo plena confianza en mis posibilidades y afronto una etapa fantástica, y muy distinta a la anterior en España: estoy mucho más maduro. Me parece un sueño estar en un equipo como el Unicaja y en una ciudad tan maravillosa. Le aseguro que me dejaré lo que haga falta por responder a la confianza que han depositado en mí.
¿A qué aspira?
Mi sueño es poder jugar en la ACB. Simplemente.
Antes, en pretemporada…
Sí, claro. Eso lo primero.
• Trayectoria de Panchi Barrera




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