¡Vaya paliza!
Alfonso Maroto
Creo que a todos nos ha pasado alguna vez que antes de jugar un partido, tanto de entrenador como de jugador, sabíamos que íbamos a ganar o perder de paliza. Vaya, que ese día iba a ser para enmarcar. El otro día vi un partido de infantiles y el resultado final marcaba una diferencia de más de 100 puntos con menos de 15 puntos metidos por el equipo perdedor. O sea, que lo que presencié fue una auténtica vergüenza. El entrenador del equipo perdedor no supo o no quiso motivar a sus jugadores ni antes ni durante el partido y la actuación de los padres fue patética.
Como jugador he estado en las dos situaciones: en el lado de la victoria pasas el trago con más alegría, pero cuando acaba el partido te sientes frustrado por no haber sacado nada de provecho ese sábado, ya que como jugador siempre me gustaron los partidos disputados hasta el final.
También me he sentado en el lado del derrotado y, aunque perder duele, durante la semana estaba ansioso por tener enfrente jugadores de más nivel que yo y poder jugar contra ellos.
Como entrenador, creo sinceramente que lo pasa peor el que está en el lado ganador, porque su implicación ante la motivación de sus jugadores debe ser mucho mayor, relajación en conjunto y a la hora de realizar acciones individuales más en defensa que en ataque. Los críos saben de su superioridad y se dejan llevar por el devenir del partido y no se esfuerzan al cien por cien. Debemos ser consecuentes con nuestra filosofía de juego y carácter en la pista e intentar que se cumpla siempre, sea el rival que sea e independientemente de su calidad.
No por ello debemos tampoco dejar de ser caballeros y poder dar al contrario la oportunidad de poder jugar agrandando líneas de pases, recurriendo a defensas menos férreas o dando minutos a los menos habituales, todo sin perder nuestra identidad como he comentado antes.
Pero quiero centrarme en el entrenador que sabe que el siguiente partido va a ser de apaga y vámonos porque no van a pasar de medio campo y el acta tiene que ser como las hojas de los periódicos ingleses. Ahí es cuando el trabajo de la semana debe tener sus frutos. No hablo de estrategias nuevas o de rotaciones de jugadores, sino de motivar y llegar al partido diciendo: “Sí, somos peores, pero hoy es otro día de fiesta porque juego contra un equipazo y lo voy a dar todo”.
Como entrenadores debemos, y más en esas edades, sacar beneficio de todo lo que nos ocurre y trabajar ese lado positivo que tienen las derrotas. Hacer ver que si jugamos en conjunto, ayudándonos unos a otros y siendo equipo seremos más fuertes y les costará más ganarnos. Incentivar pequeñas acciones a realizar durante el partido, coger 4 rebotes ofensivos, no perder más de 15 balones, cualquier cosa a nuestro alcance como equipo.
Mostrar a nuestros jugadores acciones que el rival realizará y que deben recordar para luego intentarlas ellos en los entrenamientos: Mira; el 5 hace la salida cruzada muy bien, ¡fíjate! Podemos conseguir que ese equipazo sea referente para nosotros y no verlos como los ‘chulitos’ de la liga. Con el paso del tiempo igual ese infantil tiene la suerte de decir que él jugó contra el Navarro de turno, que él le defendió y que ese día les metió 45 puntos él solito, pero con orgullo.
No podemos llegar al partido y en el segundo cuarto, perdiendo por más de 50, sentarnos y poner cara de “¡Joder, qué malos sois! A ver si pasan los 40 minutos. Señor entrenador, ¡la culpa es suya! Un partido es una fiesta y como en toda fiesta hay canciones que nos gustan y otras que no, pero todas se pueden bailar. No culpemos a nuestros jugadores de nuestras malas enseñanzas y de no saber cómo dirigirlos.
En definitiva, que como jugador y como entrenador siempre he preferido tener enfrente grandes equipos y buenos jugadores, tal vez porque tuve entrenadores que supieron motivarme antes de esos partidos y a los cuales desde aquí se lo agradezco.
El tema de los padres da para otro artículo y, por ahora, lo dejo apartado. Sólo comentaros que en el citado partido hubo un padre que se enfrentó al otro entrenador, que otro elemento le dijo a su hijo que recogiera los bártulos y se fuera, y un tercero que invitaba a su hijo a pegarle a un contrario. A estos sí que había que educarlos, pero en un correccional.
¡Patético!
Artículo publicado en: http://baloncestodepueblo.blogspot.com

Escriba su comentario acerca de esta noticia: