1978: La Copa del nunca acabar (I)
Carlos Jiménez
Estamos en el año en que el baloncesto español habló catalán; en la Liga que se llevó el Juventud siguiendo las huellas de aquel base genial llamado Zoran Slavnic; en la Copa que ganó al Barcelona y en la que un novel presidente, José Luis Núñez, tras haber coqueteado con la idea de desmantelar la sección, lloró como un niño con el éxito; el año en que Lolo Sainz cometió el mayor error de su vida cuando prefirió la baza de John Coughran a la de Walter Szczerbiak, lo que le costó quedar ayuno de títulos.
Estamos en el año de la Copa de nunca acabar, de una Copa que se puso en marcha en la tercera semana de octubre de 1977 y culminó en junio de 1978. Fue esta una interminable Copa del Rey, con una fórmula nueva y ya habíamos perdido la cuenta de los ensayos hace mucho tiempo. Como el sistema de esta vez no le gustó a nadie, se echó a un lado y nunca se repitió.
La verdad es que hacía falta una mente muy calenturienta para pensar una Copa del Rey semejante. De entrada se quiso algo que sirviera para poner en marcha a los equipos, así que se tomó a los doce clubes de primera, se les repartió en tres grupos de cuatro, y se les puso a jugar hasta la desesperación. Los cuatro equipos del grupo se juntaban en cada una de las sedes y a lo largo de tres días se enfrentaban todos contra todos. Y así hasta terminar esa particular vuelta a España.
Entre el 21 de octubre y el 13 de noviembre, cada equipo disputaba 12 partidos: tres en cancha propia, tres en terreno contrario y seis en cancha neutral. Terminada esta singular competición, la Copa se aparcaba para dejar paso a la Liga y sólo al final de ésta los dos mejores de cada grupo (y los dos mejores terceros) volvían a competir, empezando por los cuartos de final.
En el cómputo general de la primera fase no hubo sorpresas de las que consiguen tambalear las estructuras del deporte. De hecho, los cuatro equipos que no lograron clasificarse fueron los mismos que ocuparon las últimas plazas en la Liga que había de venir. De los grandes, el que parecía tener los pies de barro era el Barcelona, pero como luego sería el campeón, aquel comienzo vacilante se atribuye a la llegada de un nuevo entrenador, absolutamente inesperado, el veterano Eduardo Kucharski, que tras su retorno infortunado en el Juventud había decidido retirarse a su fábrica de tornillos y a sus partidas de golf en las que ganaba inmisericordemente a su esposa. (También le dio alguna paliza a uno de los autores del libro, pero de eso mejor no hablar). El caso es que con Kucharski, Carmichael tampoco era un jugador importante, y “La Pantera Rosa” decidió volverse a su tierra mientras se jugaba la fase inicial de la Copa.
Los descartados de la Copa fueron Basconia, Mataró, Areslux Granollers y Hospitalet. Estos dos últimos quedaron apeados por el Manresa en un triple empate muy reñido.
En el equipo de Vitoria debutaba como entrenador Ortiz de Pinedo que, tras colgar las botas, suplía a Pepe Laso. La plantilla nacional era buena (Luquero, Capetillo, Segurola, Ortega, Paulí, Garayalde, Querejeta y Jiménez) pero el americano, Doyle, no daba la talla.
El Mataró era entrenado por Juan Coma (en la Liga le sustituyó Burillo) y era otro equipo aceptable, con Tito Losmozos, Quique Spa, De Miguel, Cobián... y un americano simpático y buen jugador llamado Jack Schrader a quien faltaba poder intimidador en un equipo falto de centímetros.
Vicente Sanjuán dirigió al Granollers que reunía muchos descartes del Juventud (Narciso Margall, Udaeta, Delgado, Ferrer, Pruna...) otro del Barça (Herminio San Epifanio) y un joven base salido del Ripollet y que había destacado en Hospitalet, Chichi Creus. Como americano, un `cuatro´ robusto y muy válido que hizo carrera en España, Chuck Simon.
El Hospitalet de Moncho Monsalve se formó aprisa y corriendo tras un verano de dudas, fichó a un americano muy malo, Davis, y unió a varios veteranos sin excesivo relieve: Guimerá, Goyo Estrada, Salamé, Farelo, Segarra y Giralt. Eran carne de Segunda División, y allá se fueron.
*NOTA: En cinco partes, reproducimos un capítulo del libro “Historia de la Copa del Rey” que será publicado este año y que escriben el conocido y brillante periodista que firma y su hijo César, que es ingeniero informático.





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