1978: La Copa del nunca acabar (IV)
Carlos Jiménez
Semifinales muy fáciles. Si en uno de los duelos semifinales hubo incertidumbre, ese fue en el Juventud-Real Madrid porque a los blancos les costó levantar 16 puntos, que es una marca importante. Por su parte, el Barcelona ganó con autoridad sus dos partidos al Estudiantes. Por cierto, echen una ojeada a los marcadores de cada partido y verán que la más pobre de las marcas anotadoras era un 86. Y un partido, con una prórroga eso sí, terminaba con un 132-109 que en estos tiempos que corren de parquedad encestadora suena a cosa de otra galaxia.
En Badalona, el Juventud ganó por 102-86 y pareció recuperar la solvencia que le había llevado al título de Liga, en tanto que el Real Madrid fallando muchos tiros, y concediendo libertad a los contraataques verdinegros resistió hasta un empate a 51, a partir de cuyo momento pareció caerle encima la tempestad.
Este primer encuentro tuvo emoción, mucho ambiente y mostró las carencias de un Real Madrid en el que a Luyk ya le pesaban los 37 años, y su papel en el equipo era más el de un organizador de la defensa y pasador que el cañonero reboteador de antaño.
Juventud: 40 canastas; 22 de 28 tiros libres; 22 personales y una técnica; eliminados Margall (minuto 35) y Santillana (en el 39). Jugaron: Slavnic (24), J. M. Margall (18), J. R. Fernández (8), Santillana (17), Filbá (28) –equipo inicial– Bosch (5), Ferrer (2), Ribas y Mulá.
Real Madrid: 36 canastas; 14 de 17 tiros libres; 28 personales; eliminador, Rullán (minuto 30), Coughran (39) y Cristóbal (40). Jugaron: Corbalán (6), Brabender (23), Cristóbal Rodríguez (10), Coughran (21), Rullán (8) –equipo inicial–, Cabrera (4), López Iturriaga (6), Prada (8) y Luyk.
En Madrid, ya está dicho, un 132-109 clasificaba a los blancos. Lo más curioso es que en los vestuarios del partido se decían declaraciones tan curiosas como las de Lolo Sainz, que afirmaba: “Hemos jugado un partido bastante completo en el que la defensa ha sido la clave de la victoria”. Uno se pregunta cómo hubiera terminado el encuentro si hubieran defendido mal...
Para seguir adelante, el Real Madrid tuvo que sufrir muchísimo. Con un lleno espectacular y un apoyo incondicional a los jugadores, el Pabellón vibró mientras el conjunto blanco iba enjugando poco a poco los 16 puntos en contra. Ocho en la primera mitad (58 – 50); ocho en la segunda (56 – 48). La ventaja de tener la prórroga en casa se mostró decisiva, y Antonio Serra se lamentaba por ello: “Estoy triste porque lo hemos intentado todo, pero hemos perdido; hemos demostrado que nuestro triunfo en la Liga no fue una casualidad y sinceramente creo que si el orden de la eliminatoria hubiera sido el contrario, los que hubiéramos ido a la final seríamos nosotros”.
El Juventud jugó bien en Madrid y vendió su eliminación a precio de oro, pero enfrente estaba un Wayne Brabender absolutamente imparable que tiro que hacía, canasta que lograba. Los verdinegros empezaron por delante y en siete minutos ya no tenían 16 puntos de ventaja, sino 21. Luego empezó a remar contra corriente el Madrid y se llegó a un final angustioso en el que el Madrid renunció (recuerden que entonces se podía elegir entre tiros libres o sacar de banda, además de que si se fallaba el segundo tiro libre se daba una tercera opción de encestar) a la posibilidad de ir a la línea y prefirió una prórroga ya que las personales habían ido eliminando a los titulares del adversario. En esos cinco minutos de prolongación: 18-11 y el Madrid, clasificado.
Real Madrid: 49 canastas; 34 de 40 tiros libres; 32 personales y una técnica; eliminados Coughran (minuto 30), Rullán (en el 33), Prada (en el 36) e Iturriaga (en el 39). Jugaron: Corbalán (12), Brabender (54), López Iturriaga (15), Coughran (7), Rullán (14) –equipo inicial–, Prada (8), Cabrera (16), Luyk (2), Cristóbal Rodríguez (2) y Vicente Ramos (2).
Juventud: 42 canastas; 25 de 36 tiros libres; 32 personales y dos técnicas; eliminados, Margall (minuto 28), Slavnic (en el 31), Filbá (en el 34) y Fernández (en el 36). Jugaron: Slavnic (26), J. M. Margall (10), J. R. Fernández (15), Santillana (12), Filbá (22) –equipo inicial–, Bosch (9), Ferrer (4), Ribas (11) y Mulá.
Los azulgrana, de paseo. Si el Juventud hizo sudar sangre al Real Madrid, el Estudiantes no fue rival para un Barcelona que venía lanzado. Los madrileños empezaron bien (28-25), pero Gonzalo Sagi-Vela tuvo que ir unos minutos al banco para que le atendiesen un esguince de tobillo, del que logró recuperarse y el zorro Kucharski mandó a Flores, un gran defensor, a marcar a Chuchi Iradier, el más prolífico atacante de los rivales, con los otros cuatro del equipo en zona. El equipo de casa de marchó en un santiamén hasta 41-25 y de ahí hasta el 123-86 final todo fue coser y cantar.
Barcelona: 51 canastas; 21 de 31 tiros libres; 17 personales. Jugaron: López Abril (16), Flores (24), Ansa (9), Sibilio (35), Guyette (31) –equipo inicial–, J. A. San Epifanio (10), De la Cruz (4), M. A. Estrada, Práxedes y Solozábal.
Estudiantes: 35 canastas; 16 de 19 tiros libres; 25 personales; eliminados Beltrán (minuto 28) y Soriano (en el 40). Jugaron: Vicente Gil (3), Gonzalo Sagi-Vela (28), Iradier (12), J. L. Beltrán (4), Buckley (18) –equipo inicial–, Cambronero (1), J. C. López (4), Soriano (8) y Nacho Pinedo (8).
Faltó ambiente en el Magariños. Ni el más ferviente admirador del equipo madrileño podía soñar con el milagro. Si acaso, una corta victoria. Ni eso hubo: el Barcelona volvió a ganar con claridad (96-118). Como en el Palau, los madrileños empezaron bien, pero en diez minutos se les había agotado el gas.
Estudiantes: 40 canastas; 16 de 19 tiros libres; 17 personales; eliminado Beltrán (minuto 31). Jugaron: Nacho Pinedo (2), Gonzalo Sagi-Vela (21), Iradier (19), J. L. Beltrán (13), Buckley (8) –equipo inicial, J. C. López (2), V. Gil (17), Cambronero (4) y Soriano (10).
Barcelona: 53 canastas; 12 de 21 tiros libres; 21 personales. Jugaron: López Abril (8), Ansa (20), Flores (13), Sibilio (33), Guyette (14) –equipo inicial–, J. A. San Epifanio (4), M. A. Estrada (10), Solozábal (6), De la Cruz (6) y Práxedes (4).
*NOTA: En cinco partes, reproducimos un capítulo del libro “Historia de la Copa del Rey” que será publicado este año y que escriben el conocido y brillante periodista que firma y su hijo César, que es ingeniero informático.





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