Aguas milagrosas
Juan-Pablo G. de Quijano
Sigue colista el Aguas de Ourense en la LEB Oro y parece que lo va a tener difícil para mantener la categoría. Sus cuatro victorias auguran lo peor y todo apunta a que regresará a la categoría de Plata. Y es que ahora que económicamente se había recuperado, la coyuntura deportiva no le acompaña para mantener el equilibrio necesario para su supervivencia.
No hace mucho el Ourense Baloncesto se debatía entre la vida y la muerte, ahogado por las deudas y con un porvenir incierto, en situación concursal y abocado al cierre en 2009. Pero apenas dos años después no sólo ha salido de la UVI sino que presenta una salud inquebrantable, una suerte de milagro que no sólo garantiza su continuidad sino que debiera de servir de modelo para muchos otros clubes que pasan también por penurias similares a las que tuvieron los gallegos.
El equipo orensano cerró el ejercicio pasado con un superávit de 89.796 euros y presupuestó para esta campaña una cantidad de 1.200.000 euros. La ayuda de las empresas privadas ha sido una realidad, al haber pasado de un 72% a sólo un 36% en lo relativo a la subvención de las administraciones públicas. Además, ha rebajado su deuda en casi más de la mitad, quedando ahora en poco más de ochocientos mil euros y la directiva espera acabar en breve con el pasivo que arrastra el club.
Pero, sin embargo, ese extraordinario trabajo administrativo no debería llevar a los rectores del equipo orensano a cometer los errores del pasado, aquellos que basados en el despilfarro pusieron al club al borde de la desaparición. Quizás por la mala e inesperada situación deportiva que puso al equipo en la cola de la clasificación, el Aguas de Ourense que preside Jorge Bermello se ha distinguido por ser uno de los equipos que más inversiones ha acometido empezada ya la temporada, desde el cambio de entrenador con la llegada de Rafa Sanz sustituyendo a Paco García y los fichajes de Rod Brown, Ondrej Starosta, Dave Fergerson y Alberto Ruiz de Galarreta en unas costosas operaciones que dan la sensación de que los orensanos nadan en la abundancia. Y no es así.
Si el descenso se hace inevitable, que por lo menos no arrastre también a la ingeniera financiera del club que se ha revelado tan eficaz y que es el salvoconducto más tangible para su longevidad.





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