Americanos inocentes
Víctor Luengo
Es evidente que un buen número de anécdotas e historias las hemos vivido casi siempre con jugadores extranjeros. Les voy a remitir a un par de ellas que, por su significado y gracia, son difíciles de olvidar. La primera se refiere a Tim Breaux, un estadounidense que llegó al Pamesa en medio de la temporada 1993-94. Yo entonces era de los jovencitos del equipo y, por tanto, el peso de las bromas correspondían a los más veteranos Chus Bueno y Juan Carlos Barros. Uno de ellas sería el inductor de la misma. No recuerdo quién.
El caso es que al bueno de Tim, que era la primera vez que llegaba a España, le dijeron que en nuestro idioma el saludo más común era: "¡Viva el alcalde!". Él se lo tomó al pie de la letra y acabó pronunciándolo perfectamente. No se pueden ni imaginar la cara de extrañeza cada vez que llegaba el equipo a un hotel y Breaux, muy educado, saludaba: "¡Viva el alcalde!". Al menos un mes o más estuvimos riéndonos a costa de la broma.
Aquella misma temporada, llegó Mike Smith que, en su primera noche en Valencia, sufrió una auténtica pesadilla. Estaba alojado en un hotel y, sobre la una de la madrugada, se puso en contacto con un dirigente del club con evidentes signos de alarma: "¡Por favor, que alguien me saque de aquí! Sólo oigo chillidos de niños, ladridos de perros desesperados y disparos, muchos disparos. ¡Por favor, vengan por mí! ¡Ha empezado una guerra!", clamaba despavorido sin suponer que lo único que ocurría es que era época de Fallas y la gente se divertía en las calles con los petardos. Seguro que esa experiencia no se le habrá olvidado a nuestro compañero.






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