Antirécords
Javier Dale
Si les digo que una vez, ante los Raptors, Kobe Bryant anotó 81 puntos, o les recuerdo las veces que Dennis Rodman pasó de los 30 rebotes, o si les hablo de aquel partido en el que Scott Skiles dio 30 asistencias me dirán que bien, que vale, que perfecto, pero que dónde está la noticia. Y tendrán toda la razón del mundo: el universo de los récords estadísticos en la NBA está más que estudiado –y publicitado–. Pero en el último cuarto de siglo también ha habido antirécords, o lo que es lo mismo: cifras para la ignominia, la sorpresa o el escándalo. Datos entre lo sórdido y lo bizarro. Basketballreference –una web de estadísticas más que recomendable– nos permite hallar algunos de ellos. Y no me negarán que les pica cierta curiosidad morbosa…
Tiremos del manual del tópico periodístico y empecemos por los días aciagos. Y aquí surge la figura –perfectamente prescindible en otros ámbitos– de Bubba Wells, poseedor de un antirécord de la NBA. Lo logró el 29 de diciembre del 97, ante los Bulls en Chicago y como parte de los Dallas Mavericks. Wells, que sólo disputó esa campaña en la NBA, jugó sólo tres minutos de aquel encuentro ¿Decisión técnica? En absoluto: fue el tiempo que tardó en cometer seis faltas y ser eliminado. Nadie hizo más faltas en menos tiempo… Aunque al menos anotó dos puntos. Peor le fue a Steve Nash –sí, Steve Nash: el doble MVP de la NBA– ese mismo año ante Portland: en seis minutos de juego, cometió seis faltas y perdió dos balones…
Vamos con otro tópico: estar en racha. También en 1997, el alero Henry James logró anotar 24 puntos… En sólo 10 minutos de juego. Fue en la victoria de Atlanta como local frente a los Nets por 109-101. La magia del asunto es que los Hawks perdían por 19 puntos al inicio del último cuarto. La salida de James, el clásico suplente, revolucionó el encuentro: siete triples y tres tiros libres lideraron un parcial de 48-21 a favor de Atlanta que dio la vuelta al encuentro. ¿Que con triples es muy fácil? Pues admírense con el día en el que al calienta banquillos Dave Jamerson, de los Rockets del 92, le bastaron 9 minutos para sumar 16 puntos, y sin un solo triple. Los Rockets, claro, ganaron con claridad a los Nuggets (137-114).
¿Quién no ha comentado en más de una ocasión ante un mal tiro que tal jugador tiene el brazo de madera? Pues bien: nadie lo tuvo más que Tim Hardaway, All Star reconocido, el 27 de diciembre de 2001 ante los Wolves. Su 0 de 17 en tiros de campo es el mejor ejemplo de que ante un mal día en el tiro, insistir sirve de poco. Algo parecido le tendrían que haber dicho al entonces ‘celtic’ y posteriormente campeón de la NBA con los Heat Antoine Walker el 17 de diciembre de 2001, cuando, tras la derrota de Boston en Philadelphia, pudo ver su prescindible estadística en tiros de tres puntos: 0 de 11, antirécord histórico de la NBA. Los mismos números que, cómo no, obtuvo Shaquille O’Neal el 8 de diciembre de 2000 ante los extintos Supersonics, aunque desde la línea de 4,60. Pero siempre se puede ser peor: Chris Dudley, hoy candidato republicano al puesto de gobernador de Oregón, firmó un ¡1 de 18! desde los 4,60 con los Nets ante Indiana el 14 de abril de 1990. Quieran o no, son números para la esperanza: por una vez, todos nos vemos capacitados para igualar la estadística de un jugador de la NBA.
Nate McMillan
Y no podemos olvidarnos de los cabezas cuadradas, los que han salido a la cancha a hacer su función y no pueden pensar en otra cosa. El premio se lo lleva –no les va a sorprender–… Nate McMillan, la pesadilla de Sergio Rodríguez y Rudy Fernández en Portland. En su niñez, alguien debió decirle algo así: “Nate, en el baloncesto, los bases dan asistencias y no tiran a canasta”. Y a fe que lo aprendió: de los cuatro partidos del último cuarto de siglo en la NBA en el que un jugador logró 10 o más asistencias sin tirar ni una sola vez a canasta ni anotar un solo punto, dos los protagonizó el cuadriculado técnico de los Blazers. 0 puntos, 0 tiros a canasta y 12 asistencias fue su estadística en ambos choques. Así se entiende que cada vez que Sergio rompía un esquema en Portland McMillan casi se infartara, y que no pueda ver en Rudy algo más que un tirador de triples…
Volvamos un momento al estar en racha, que no sólo de puntos vive el baloncestista. Y así nos encontramos con el español Sergio Rodríguez, que sólo necesitó 18 minutos para dar 12 asistencias ante Denver hace poco más de un año. Aunque impresionan más las 11 asistencias en 12 minutos de Randy Woods el 14 de febrero del 95 con los Clippers ante Houston. O los 8 minutos que tardó el ‘center’ de los Sonics Ervin Johnson en sumar 10 rebotes ante los Magic… Nadie atrapó más balones en menos tiempo.
Tampoco son desdeñables los 10 tapones y 10 rebotes que el recientemente fallecido Manute Bol sumó para los Bullets –hoy Wizzards– en 1988 en apenas 15 minutos. Y no, no vayan a pensar que es el doble-doble más rápido de la historia: el honor pertenece a Will Perdue, que sumó 14 puntos y 13 rebotes en apenas 14 minutos de juego en un choque ante Indiana en 1991.
Prosigamos: A veces, a la conclusión de un partido, uno se pregunta para qué ha sacado tal entrenador a un jugador. Que Phil Jackson se lo pudiera cuestionar el 4 de noviembre de 2009 es algo que consuela a todos estos técnicos frustrados que solemos ser los aficionados o periodistas. Aquel día, el ‘maestro Zen’ mantuvo 34 minutos en cancha a Derek Fisher, que el base le agradeció con esta estadística: cero puntos, cero rebotes, cero asistencias. Como Kobe Bryant metió 41 puntos y los Lakers ganaron el partido, las dudas de Jackson debieron ser menos…
Y en el lado contrario, el base perfecto. Un día lo fueron John Stockton, Muggsy Bogues, Andre Miller y Jason Kidd, que sumaron 19 asistencias y ninguna pérdida en diferentes partidos. Aunque Kidd también está en el lado oscuro de esta estadística. Fue el día en que los Suns de 2000 perdieron contra los Knicks, y fue el día del cuádruple doble oculto. El base de los de Arizona logró 18 puntos, 12 rebotes y 10 asistencias… Aunque perdió 14 balones, tantos como todo el conjunto de la Gran Manzana. Y, claro, así se explica la derrota.
Aunque entre tanta cifra y entre tanto antirécord también entran ganas de encontrar lo contrario e imposible: el partido perfecto. Y, sobre todo, quién será su autor: ¿James? ¿Jordan? ¿Magic? ¿Bird? ¿Olajuwon? Pues no: el partido perfecto existe, y lo jugó el pívot Brad Miller el 24 de marzo de 1999. Fue en un Hornets, 110; Bulls, 91, y el pívot, hoy en Chicago, logró 25 puntos sin fallo (9 de 9 en tiros de campo; 7 de 7 en libres), 5 rebotes, 2 robos, 2 tapones y, sobre todo, ninguna falta, ni pérdida, ni tiro fallado, ni tapón recibido en 18 minutos de juego. Otros lo lograron, pero ninguno con números tan brillantes como el pívot formado en Purdue… Y que jamás entró en el ‘draft’.
Así son –así debían ser– los antirécords: pequeños pedazos de gloria o ignominia para jugadores nacidos para ser anónimos, pero que no pudieron serlo.




¡Qué bueno! Los americanos son únicos con el tema de las estadísticas, y para algunos (muchos) jugadores americanos parece que es lo más importante. Me acuerdo de Ricky Davis que jugando con los Celtics tiró sobre su propia canasta para coger el rebote y hacer un triple doble... ¡Fue un escándalo! Ya sabemos cómo fue el resto de su carrera. ¡Enhorabuena por el artículo! Saludos.
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