Baloncesto de verdad y baloncesto de mentira
Enrique Gómez González
Coincidieron en un mismo fin de semana la Copa del Rey y el All Star Game. Algo así como el día y la noche. Baloncesto de verdad y baloncesto de mentira. Por una parte, sólo partidos trascendentes, competitividad, prestigio en juego, emoción, seriedad, incertidumbre y expectación (si el Palacio tuviese capacidad para 15.000 personas más, se hubiese llenado. Seguro). Por otra, jueguecitos, pachanga, cachondeo (ahora resulta que Bryant y O’Neal son amiguetes), nada en juego (¿qué mérito tiene el MVP de un partido de juerga? ¿Vale más ése que el de la Copa?) y... expectación. Si, sí; también expectación. Así son los estadounidenses. Creo que muy diferentes a los europeos. Ellos, más que al baloncesto, van a consumir todo lo que se pueda: cenan, compran, entran en sorteos y, de paso, ven el partido. Parece que lo importante es lo otro, más que el baloncesto. ¡Viva el márquetin! Nosotros, los europeos, vamos al baloncesto (o al fútbol, o al rugby) con los amigos a ver a nuestro equipo, a que gane (a veces, si puede ser con trampas, mejor), a gritar, a apasionarnos... en definitiva, sólo y exclusivamente, a ver deporte. Para ir a cenar ya tenemos los mejores restaurantes y para ir de compras horrorosos, despersonalizados, desnaturalizados y gigantescos centros comerciales.
Otra cosa: la ACB ha parido y gestiona, a la vez, una competición excelente, maravillosa (la Copa) y otra que pudiera serlo, pero que resulta tremendamente aburrida (la Liga). Lo malo es que la Copa sólo dura cuatro días y la liga, meses. Como aficionado, preferiría que fuera al revés. O sea: baloncesto de verdad y baloncesto de mentira.
Más: como en cualquier empresa, de una vez por todas cada equipo debería poder contratar a quien quisiera (baloncesto de verdad), sin mirar si en plantilla hay no sé cuantos españoles, otros tantos comunitarios B, dos extranjeros y si necesita más seleccionables de los que tiene (baloncesto de mentira). La libertad es fundamental. Otra cosa es que los clubes fichen, por ahí fuera, lo que deben y lo que necesitan.






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