Calderón-San Emeterio
Antonio Gómez Carra
El triunfo de la selección española está fuera de toda duda en cuanto a su mérito: hemos sido superiores a todos de forma incuestionable. Esto no es labor de un día; creo que es el resultado del trabajo de muchos años poder estar en estos momentos en el círculo mundial de las medallas.
Qué duda cabe de que nuestros MVP, Gasol y Navarro, son los más destacados artífices del éxito. Basta mirar estadísticas, esto lo corrobora todo el mundo, prensa, televisión, seguidores, etc. Hasta a mí, que me encuentro en esta reserva, han llegado felicitaciones de compañeros, parientes y amigos, como si casi perteneciera al staff, lo que significa lo popular de este gran deporte, lo que cala en el ambiente nacional.Como uno es pragmático y técnicamente algo frío, analizo a fondo todos los factores de este logro:
Partimos pues del Campeonato de Europa en 1935 (plata), después otro metal igual en el Europeo de 1973 en Barcelona, ganando a la URSS, hazaña impensable entonces. Destacamos la plata de 1984 en Los Ángeles y el primer oro en el Mundial Junior en Lisboa de 1999, los ‘chicos de oro’ del injustamente olvidado Charly Sainz de Aja. Aquella selección ha sido casi la base de esta actual, que ha conseguido el oro de Europa en 2007 y la plata en Pekín y, cómo no, el oro en el Mundial de Japón de 2006. Durante este tiempo no hay que olvidar el trabajo destacado de los entrenadores de club y selección. A la cabeza de éstos, el extinto Antonio Díaz-Miguel (q.e.p.d.), artífice de avances y éxitos.
Ganamos claramente a los musculosos franceses y sabíamos que lo lograríamos, porque somos mejores y meteríamos más puntos seguro, casi 100; el saber jugar en ataque, la inteligencia y el desparpajo estaban de nuestra parte.
Sin ser MVP, los dos hombres que encabezan el artículo –tanto monta, monta tanto–, tenerlos en mi equipo, para mí sería un sueño de entrenador; ellos, sin casi nadie darse cuenta, fueron un bastión de la selección detrás y delante.
El baloncesto es defensa y ataque, aunque los mayores réditos se alcanzan gracias a un buen trabajo en nuestra zona. Dicen los cánones que se descansa en ataque y se echa el resto en defensa, y qué duda cabe de que San Emeterio y Calderón cumplieron este axioma fundamental.
Además de esto tiraron lo justo, no perdieron balones y dieron muchísimos pases interiores, y esto no sólo contra los franceses, sino en casi todos los partidos. Meter balones dentro supone desahogo para los tiradores exteriores como Navarro y Rudy y, a su vez, destrozar la zona contraria con la amenaza de nuestros pivots.
Ellos, Calderón y San Emeterio, fueron nuestra base, tomando decisiones en ataque llenas de fuerza, eficacia y valentía, y cerrando en defensa muchas penetraciones ayudando siempre a exteriores e interiores.
Recalco esto porque para la mayoría entusiasta de seguidores y medios de difusión podían pasar inadvertidos; para mí no. Es muy fácil mirar los “scores de puntos”, pero nuestro deporte basa la victoria en muchos factores, no solo en la rutilante florescencia de los marcadores.
No se puede olvidar la ayuda de los que tuvieron menos minutos, que demostraron una gran responsabilidad y compañerismo, en esta ocasión funcionó la eñe, esa que nos da raigambre en el mundo entero; solidarios, generosos, caballeros, valientes y luchadores.
Como anécdotas quedan las de Macedonia, que con pocos recursos humanos hizo un baloncesto casi de libro, la caída de Rusia y antes la de Serbia, que me hacía recordar con nostalgia aquellas fabulosas URSS y Yugoslavia.
Por ahí queda el dilema del tres, que no hizo falta para nada, ya que se solventó con la masiva presencia de bases y escoltas. Claver, que es un gran jugador, o el ausente Carlos Suárez, que también lo es, podían haber dejado su puesto a un Fran Vazquez (que no quiso ir), porque también podíamos haber jugado con un triple poste, cosa que parece una ‘frivolité’, pero que nos hubiera divertido lo suyo y hubiéramos ganado lo mismo. Navarro hubiera logrado su media de 30 puntos y si acaso sólo Pau hubiera cogido algún rebote menos.
La vida es sueño, pero esto es rizar el rizo de una selección que nos dará, con algunos retoques, ilusión para bastantes años.






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