Camión en el entrenamiento
Benito Doblado
Transcurría una de esas mañanas tranquilas de la temporada 95-96 en mi ciudad natal, Sevilla, en el pabellón de San Pablo. Dirigía el barco sevillano esa campaña Don Alexander Petrovic, histórico y polémico jugador, hermano de la leyenda europea Drazen Petrovic. Tocaba sesión de tiro. Como cada mañana de la semana, alternábamos tiro o sauna, pesas o spa. La sesión vespertina era otra cosa.... Así fuimos subcampeones de Liga, para que luego digan los entendidos que entrenar ocho horas al día (horario de fábrica, como dice uno de nuestros entrañables entrenadores nacionales, Manel Comas) es sinónimo de éxito, o al menos más probable.... Bueno, que me voy por las ramas…
…Pasamos a la pista y en un lateral había un camión grúa de los de mantenimiento para que un operario arreglara un foco del alumbrado del pabellón. El cacharro tenía el motor encendido y el olor a gasoil era insoportable. Asa se dirigió al chofer y le indicó educadamente que apagara el motor. El operario hizo caso omiso a la petición y le invitó a dirigirse a su jefe. Casualmente pasaba por allí el susodicho responsable y preguntó que cuál era el problema. Asa se lo volvió a pedir y el jefe le argumentó que ese foco tenían que arreglarlo y no podía suspender la tarea. El diálogo se fue calentando…
Asa, que lo apagues; el jefe, que no; nosotros, ‘congelaos’ de frío y asfixiados por los gases por el camión, contemplábamos la escena atónitos. La cosa se calentó tanto que el entrenador amenazó con subirse al camión y desconectar él mismo el cacharro.
Nos dimos cuenta de que el operario que arreglaba el foco en las alturas estaba pendiente de lo que acontecía abajo; atento y atemorizado. El croata se calentó de verdad y abrió la puerta del camión, mientras que el de arriba, alarmado, empezó a hacer señales y gritaba: “¡No lo pare! ¡No lo pare ‘cohone’! Que me ‘viá caé’ de aquí arriba".
Al final no cedió el jefe y la presión del croata no surgió el efecto deseado... Estaba tan irritado que le lanzó el zapato al jefe mientras éste se alejaba harto y humillado con las barbaridades que le soltaba Petrovic.... Pero el camión no se paró, prosiguieron las tareas de los operarios y nosotros nos retiramos al vestuario con muy mal aliento...
El de arriba respiró tranquilo. Luego entendí su preocupación: pensaba que si Asa hubiera parado el motor del camión la plataforma se habría caído como una atracción de feria...
Por cierto, el zapato no llegó a impactar en la espalda del jefe de mantenimiento. Asa era más certero cara a la canasta.





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