Carlos Cabezas y el español de España
Paco Rengel
El otro día tuve la oportunidad de cenar con Alberto Gómez Font, filólogo y coordinador general de la Fundéu (Fundación del Español Urgente). Lógicamente, hablamos de nuestro idioma y de otros… idiomas y asuntos. Entonces, recordé una conversación muy reciente con Carlos Cabezas, el padre del jugador del Unicaja, y nos reímos con las confusiones que padeció el también jugador cuando llegó a España, procedente de su Uruguay natal.
Es conocida la variedad de nuestro idioma, el distinto significado que pueden tener algunos términos según en el país que se pronuncien. Pues bien, entre otros, Carlos tuvo sus problemas con los árbitros hasta que se enteró de que el significado que él conocía de 'cobrar' era insultante a la hora de referirse a un árbitro. Así, fueron frecuentes las veces que, después de que le señalaran una falta, se dirigiera al árbitro con una cuestión: “¿Qué cobra?”. Las preguntas no deberían ofender, pero en esta situación sí que pueden resultar una clara acusación. En realidad, Cabezas lo que pretendía era que le indicaran qué había pitado, qué señaló o sancionó.
Incluso, en una ocasión le llegaron a señalar técnica por utilizar ese ‘cobrar’ uruguayo y sudamericano, aunque bien es cierto que, posteriormente, cuando se aclaró la confusión, se la retiraron.
Nada más llegar a España, en la primera prueba que le hicieron con el equipo júnior del Barcelona, el técnico Jaume Berenguer –descubridor, entre otros, de Ferrán Martínez, si no me falla la memoria– le pedía que flexionara las ‘cames’… “Y yo me decía, pero si dejé mi cama hecha perfectamente en la pensión cuando salí esta mañana, a qué viene, en mitad del entrenamiento, que este señor se interese por eso”. Después descubrió que se refería a las piernas (cames en catalán).
Y no sólo eran problemas anecdóticos de idioma, sino de conocimiento y terminología del juego. Así, cuando le hablaron en medio de una jugada ofensiva de una puerta atrás, Carlos no dudó en mirar hacia la puerta del vestuario, que la tenía a su espalda, y preguntarse “¿Qué diablos le pasa ahora a la puerta del vestuario?”.





Escriba su comentario acerca de esta noticia: