Colores primarios
Gonzalo A. Gómez Valcárcel
Badalona 18, 19 y 20 de junio de 2010. Fase final A 6 de una competición menor para las federaciones (estas sí que organizan los campeonatos escolares de su comunidad, al menos en Madrid), pero mayor para la ACB y de una importancia singular para la mejor Liga después de la NBA. Badalona fue el escenario de esta fase final por primera vez fuera de Madrid en nueve años (2002-2005 la inventa la Fundación Estudiantes, actividad que crea y dirige Pablo Martínez, y ya en 2006 la ACB se hace con su organización hasta el día de hoy).
Badalona ha sido el ejemplo de cómo se pueden hacer las fases finales de una competición con una organización modélica, con todos los medios puestos al alcance de unos jugadores, técnicos, árbitros y padres para que se sintieran como si de algo más que de un campeonato de España se tratara, sin nada que envidiar a lo que se ve en ciertos torneos de este tipo en esas categorías de base.
El simple hecho de que existiera un ambiente cordial entre colegios venidos de todas partes de España y que la relación entre ellos fuera exclusiva de amistad ya lo considero un éxito por parte de la organización. Si a ello unimos que vas a la cuna del baloncesto y que sólo acudir allí y disfrutar de lo que la ciudad te prepara, el premio para, al menos los componentes de mi equipo, el Ramiro de Maeztu, era lo máximo a lo que podíamos aspirar. El resultado de la actuación se redujo enseguida a un segundo plano, aunque por lógica, nosotros teníamos la presión y hasta ‘la obligación’ de llegar hasta la final.
Viajar desde el polideportivo Magariños a las 6 de la mañana de un viernes, llegar a comer a un hotel de cuatro estrellas, ver el partido inaugural acto seguido, acudir a la célebre Carpa Titus –me recordó mucho al pub, ya desaparecido, de baloncesto Rebote, en Madrid– con los seis equipos de chicas y los seis equipos de chicos de Badalona, San Sebastián, Manresa, Valencia, Santiago de Compostela, Murcia, Madrid y Málaga (guipuzcoanos, santiagueses, malaqueños y madrileños clasificaron tanto a chicas como a chicos). Después de Carpa Titus, a dormir para competir al día siguiente.
Competición
Se compite y cada equipo hizo lo que pudo hasta el final. El fracaso no existió y no creo que nadie pudiera sentirse así en una actividad en la que prima lo lúdico, la diversión haciendo un deporte que aman los chavales, las aficiones viajando para ver a sus equipos (gracias, pequeña Demencia por venir y animar al colegio, colegio al que jamás le abandonaste y donde naciste). Fue un torneo donde vi caras tan entrañables e históricas como las de Villacampa, Portela (ese señor que fue entrenador antes que presidente de la ACB), Margall, Franco Pinotti, todo un referente periodístico de años ha para mí y de los pocos buenos periodistas que nos quedan…etcétera.
Me pareció entrañable ver al hijo de Rafa Jofresa en Badalonés (no pudo jugar por lesión) pues es una ‘fotocopia’ de su padre, o que me pitara el partido final el hijo de Víctor Mas, que es otra ‘fotocopia’ más del padre. Aquello me pareció tan familiar que, a pesar de estar a más de 600 kilómetros de mi casa, jamás eché nada de menos Madrid.
El baloncesto une por estas actividades, y los colores de cada equipo se convierten en primarios para cada centro escolar. El rojo de Colegio Badalonés, el azul del Ramiro, el rojo y blanco del SEK de Málaga, etc. Allí no estaban los colores del deporte del fútbol. No había blancos pues el blanco además es la ausencia de color, ni azulgrana –ningún equipo llevaba dos colores en sus camisetas– y por un momento me pareció el torneo por excelencia que se podía hacer exclusivo de baloncesto, pues ni el Barcelona tiene colegio propio ni el Real Madrid, y uno que es de Ramiro desde ‘peque’, agradece que en los colores de la camiseta haya sólo colegios o ‘cunas’ (bressol en catalán).
Uno que ya lleva seis torneos con Ramiro como entrenador de manera altruista, y que vivió de lleno su nacimiento junto a la Fundación Estudiantes, se alegra de que los badaloneses hayan tenido la suficiente sensibilidad y que lo hayan trabajado tanto y tan bien, para que un torneo amistoso y amateur haya calado tanto en los jugadores y técnicos que allí estuvimos. Fue una actividad realizada por profesionales ACB hacia chicos amateurs. Algo que desde hace muchos años se había olvidado. Recuperar valores perdidos en el baloncesto de base es el mejor regalo posible. GRACIAS BADALONA.
• P. D.: Quería dedicar este espacio final a Pablo Martínez, porque sin él y sus ayudantes jamás hubiéramos viajado a Badalona. El Ramiro no tenía número 4 en su plantilla. Este pertenece a Pablo desde que ‘jugaba’ con nosotros… y lo retiré porque era su número, el primero.




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