Dirección de equipo (V)
Pedro Ferrándiz
FALLOS PROPIOS Y DEL ADVERSARIO
Cada partido es una lección que ofrece muchos aspectos aprovechables, tanto en sentido positivo como en el negativo. En lo primero figurarán las posibilidades de determinados sistemas empleados que, al ponerlos en práctica, han demostrado poseer otras perspectivas y dimensiones, además de las previstas. Incluso ciertas acciones del adversario pueden dar lugar a iniciativas propias, tanto durante el partido como en su posterior análisis.
Pero donde el entrenador hace gala de un sentido de la oportunidad, de su inteligencia, conocimiento y capacidad de maniobra, es cuando, durante el partido, sabe convertir un fallo adversario en una acción a su favor.
Por ejemplo, supongamos que, disponiendo de un alero muy eficaz, vemos que el entrenador adversario le ha designado un buen marcador para que le vigile muy estrechamente. Generalmente, el jugador así marcado suele pretender forzar la situación a base de acciones personales, que en la mayoría de los casos le perjudican a él y al equipo.
El entrenador debe sacar el máximo provecho de esta situación, haciendo que el jugador marcado, actuando con serenidad, juegue siempre positivamente, bien disminuyendo las condiciones defensivas de su oponente, buscando continuamente bloqueos para obligar al cambio de hombre defensivo, bien sacando de su sitio habitual a su defensor, o situándolo en condiciones desventajosas; por ejemplo, debajo del tablero, en una permuta ocasional con el pívot, e incluso, si se trata de un buen elemento para el contraataque, tratar de anularle en esta faceta haciéndole actuar en una posición diferente a la suya habitual.
Naturalmente, deberá estar preparado para que de sus propios fallos intente el entrenador contrario sacar provecho también.
En cuanto a la competición en sí, el análisis de los partidos le dará un amplio campo de estudio para ir adaptando a su equipo al mismo tiempo que corrigiendo errores. En el capítulo de previsión, intentar ver a su próximo adversario, en el último partido antes de enfrentarse, le será de mucha utilidad, aunque crea conocerlo perfectamente.
ÓRDENES E INSTRUCCIONES
En un equipo, si bien cada jugador tiene que ser instruido para desarrollar cualquier misión, sin encasillarlo en una de ellas exclusivamente, lo cierto es que sus características físicas y técnicas le suelen especializar en ciertas acciones más acordes con dichas características. La unificación y adaptación mutua de los jugadores y sus características es la que hace al conjunto. Y a este conjunto hay que darle unas instrucciones de tipo general que serán las normas por las que se desenvolverá a lo largo de la temporada. Igual ocurre con los jugadores, de quienes las instrucciones tenderán a aprovechar al máximo sus posibilidades personales.
Estas instrucciones, que suelen ser consignas, de acuerdo con las características del equipo y de los jugadores, rara vez suele modificarse en su raíz.
Por ejemplo, si tenemos un equipo rápido y con facilidad de rebote, las instrucciones serán las de sacar rápidamente el balón e intentar continuamente el contraataque. Esta norma puede modificarse de acuerdo con ciertas circunstancias, como es la de ir ganando por pocos puntos cuando falta poco tiempo y no conviene arriesgar la posesión del balón; pero ello no irá en contra de las instrucciones recibidas como norma general.
Sin embargo, existen las instrucciones ocasionales, que sólo se aplican en determinados momentos o partidos, y que aunque puramente circunstanciales, ponen a prueba tanto la preparación del jugador o del equipo como los conocimientos del entrenador.
Sirva el ejemplo de un cambio de hombre defensivo para anular a un contrario que está haciendo un gran partido o un cambio de defensa colectivo ante una racha de aciertos del equipo contrario. La forma en que se den las instrucciones para el desarrollo de ambas acciones determinará probablemente su éxito o fracaso, ya que no basta con ordenar un cambio de táctica simplemente.
*Nota: Estas consideraciones del mítico entrenador fueron publicadas en el año 1977 por la revista `Don Balón´

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