El Unicaja, en el laberinto y sin ovillo
Paco Rengel
Desde el pasado domingo hasta el final de temporada, el cuadro malagueño sólo puede perder. No tiene nada que ganar. Salvo que los caprichos del deporte dieran una sorpresa espectacular, el conjunto ‘cajista’ ha demostrado de sobras que es incompetente para luchar en la ronda de ‘play-off’. O sea, que lo más probable es que, si llega, caiga en cuartos. No es tremendismo, sino pura realidad.
Por lo tanto, lo que hoy es crítica airada por parte de la afición se puede convertir en una malévola inquina en el momento en el que se vea realmente en peligro la clasificación entre los ocho primeros. Esto, que es sólo honor, está en juego.
Para evaluar la situación hay que incluir, por supuesto, los percances en forma de lesiones que han castigado al equipo casi toda la temporada. Es el ‘escudo protector’ que se coloca Aíto, si bien los hechos –o sea, el juego y el rendimiento del equipo al completo– podrían relativizar ese dato indiscutible que, indudablemente, ha restado tiempo de preparación y disminuido el estado de forma de muchos jugadores. Es tal la acumulación de decepciones, de mal juego y de demostración de equipo desangelado que pocos podrían apostar con un cambio radical en el rendimiento si no se hubiera lesionado nadie.
Dividamos los puntos del conflicto en distintos apartados: verano, plantilla, entrenador, afición y club.
VERANO
Los fichajes ‘seguros’ eran, indiscutiblemente, Saúl Blanco y Freeland. Nadie podía criticar en su momento estas contrataciones. Es más, otros grandes clubes los pretendían. Sin embargo, por razones extrañas, lo de Blanco es un expediente X, y Freeland, cohibido en defensa por su carácter, ha ido a menos a pesar de su indiscutible calidad.
PLANTILLA
Indudablemente, la plantilla está sobrevalorada. Cobra para luchar por títulos y aún no se sabe si llega a los ‘play-off’. Esta es una asignatura pendiente del club, que debería quitarse de una vez la etiqueta de ‘rico’ de la que goza en este negocio para que sus operaciones fueran más coherentes. En este sentido, la mejor gestión económica de los últimos años ha sido la de Jiri Welsch que, con un salario de 375.000 euros, es de los dos o tres más baratos de la plantilla. Eso sí, antes tuvo que estar tres años, haciendo lo mismo que esta campaña, por un total de más de tres millones de euros.
AÍTO
Después de más de 900 partidos en la Liga ACB (¿conseguirá alguien arrebatarle esa marca?), discutirle a García Reneses sus conocimientos, su preparación y su capacidad no sólo suena a osado, sino ridículo, impropio de cualquier conocedor de este deporte con un mínimo de sensatez. Que cuando las cosas van mal en el centro de la diana siempre está el técnico, es obvio. Pero destituir a Aíto si se está convencido de que la plantilla es mala no sólo es una temeridad, sino parchear un problema mucho más agudo a cambio de un desembolso económico excesivo que podría mermar aún más los recursos de la próxima campaña.
Si Aíto era bueno la campaña pasada –quizás una maravilla para quienes tenían atravesado al mejor entrenador de todos los tiempos en Málaga, Sergio Scariolo–, no puede cambiar unos meses después. Es imposible que pase del infinito al cero. Bien es verdad que la dinámica del equipo no le ayuda, que esa tremenda irregularidad no ha sido capaz de zanjarla, pero nadie puede argumentar que él sea el gran culpable de este laberinto.
AFICIÓN
A veces se crece demasiado deprisa. Se llega al cielo y es complicadísimo recordar que hay tierra, que te puedes caer, e incluso mancharte de barro. Los clubes grandes, y las aficiones del mismo tamaño, se hacen con decenios, no con lustros. Los seguidores del Unicaja han vivido en la opulencia demasiados años. Se han creído importantes y no han sabido aceptar la realidad del deporte: una mala planificación, una racha de lesiones, un cúmulo de inconvenientes pueden descender a los ángeles a la altura de los humanos. Y esto es lo que hay que tener siempre en cuenta para que el presente deportivo de un equipo no se convierta ni en ‘asunto de estado’ ni en insomnio nocturno.
El deporte profesional está sometido a estos vaivenes. Y quienes los soportan son los que se encumbran entre los mejores a lo largo de los tiempos. Quizás era necesario tocar el suelo para coger un nuevo impulso. ¿Quién sabe?
CLUB
Rumores de quién sigue, quién llega, cómo se reestructura todo. Nombres, puestos… Todo el mundo hace quinielas, pero nadie sabe nada. Ni siquiera en el propio club. Y es que el mal que se observa en la gestión de la sociedad deportiva es su falta de autonomía. La dependencia de Unicaja, que es el dueño, resulta lógica. Pero da la impresión de que no existe delegación de poderes, de que muchos de los asuntos han de tener el visto bueno de los órganos superiores de la entidad de ahorro, casi siempre ocupadísimos en trascendentales operaciones económicas y, lógicamente, con escaso tiempo para el conocimiento exhaustivo de las situaciones deportivas. O sea, que cuando llega algo urgente, lo más cariñoso que se podría escuchar sería: “Joder, otra vez el baloncesto”. Así, muchas cuestiones urgentes pueden entrar en una burocracia que, en ocasiones, igual retrasan las soluciones y pueden tener consecuencias negativas para los intereses del club.
O sea, que Unicaja debería, de una vez por todas, conformar una estructura en el club a la que amparara con la suficiente confianza y autonomía para que su grado de eficacia fuese el máximo. Y si no respondiera, se cambia.





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