El Unicaja se retrata
Paco Rengel
Vulgar, sin ideas, pésimo en el ataque cinco contra cinco, ineficaz en la presión defensiva y decepcionante para quienes albergaran esperanzas con este equipo. El Unicaja retornó a la Copa dos años después para dejar una penosa imagen de su juego, desesperar a los aficionados que viajaron allí para seguirlo y convencer a una mayoría de que no hay más cera que la que arde, que la primera vuelta de la temporada, aunque vivida, parece ya una utopía. Un Banca Cívica mediocre –eso sí, comprometido en defensa y en el trabajo táctico– dominó el partido de principio a fin (65-77). Si llega a ser otro rival, el papel del cuadro malagueño habría merecido el calificativo de ridículo. Lo rozó.
Para no cansarles con lo mismo, que si no corren, que el ataque cinco contra cinco es un desastre, que Carlos Cabezas es un ‘jugador cerebral’ al lado de los bases que tiene el Unicaja… o sea, que la plantilla es mediocre, incapaz para competir en las alturas, permítanme que nos detengamos en otros detalles.
Desde el principio se vio claramente a qué iba a jugar el Banca Cívica: cerrarle todos los caminos al rival para que no corriera o, incluso, que no pudiera encadenar transiciones con ventaja. Lo lograron a la perfección. Y ahí murió el Unicaja.
Primer detalle, ¿cómo se entiende que la estrella del cuadro malagueño, Freeland, no lanzara una sola vez a canasta en 9:36 minutos que estuvo en pista en el primer cuarto? ¿Se inhibió el británico? ¿O es que no llegó a tocar bola?
Si tiene una característica el juego del Unicaja es su falta de fluidez, su exceso de botes, sus entradas suicidas, sus lanzamientos en pésimas condiciones… Y, claro, eso, suma… a favor del contrario.
Que a estas alturas Jorge Garbajosa se tenga que convertir en el salvador del equipo dice también bastante de la realidad del Unicaja. Que el entrenador mantenga en el equipo a Sinanovic para reiterarle su desconfianza día a día, tampoco parece que resulte consecuente.
¿Vieron ustedes a Rowland? ¿Y a Valters? ¿A qué juega Fitch? ¿Y el Zoric del Madrid? ¿No será que a nadie le llega el balón de la forma y en el momento que ha de recibirlo? ¿Cuántas veces recibió el croata en el poste alto? ¿No debería estar prohibido el bote en las filas del Unicaja? ¿Está hundido el equipo? ¿Hablamos de Bernardo? Resulta evidente que entre la buena y la mala racha hay que buscar un punto medio a este Unicaja: un equipo para luchar por un puesto en el ‘play-off’. Nada más. O para clasificarse para la Copa… nada más, como se ha visto.
Sacrificio y táctica
El Banca Cívica ganó por dos aspectos fundamentales: por una mayor ambición y espíritu de sacrificio y por una disciplina táctica encomiable. El cuadro sevillano peleó y, sobre todo, corrió hacia atrás en todo momento. Se cerró alrededor de su aro y reforzó las ayudas cuando el balón, muy de vez en cuando, llegó al poste bajo del ataque malagueño. Como tenían enfrente una defensa acomodada, fueron sumando.
Un par de minutos de despistes en la táctica preconcebida destaparon la debilidad del equipo vencedor, que comprobó cómo el Unicaja, que había rozado los 20 puntos de desventaja, se quedaba con sólo cinco puntos en contra. Plaza, con su obstinación en que jugara English –lejísimos de una forma idónea– también ayudó un poquito.
Las papeletas de la tómbola en ese pulso final se las jugaron, como siempre, Valters y Fitch, y otra vez les salió la misma papeleta: “Siga intentándolo”. Como si a ambos les hiciera falta motivación alguna para ello.
El retrato es real. De aquí a final de temporada se verá si es posible retocarlo un poquito. El de la Copa ha quedado horroroso.





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