El dardo en la canasta
José M. Domínguez
El proceso de globalización en el que estamos inmersos desde hace años afecta casi sin excepción a todas las actividades, propiciando la conexión de los mercados de todo tipo de bienes y servicios y, en numerosos casos, extendiendo un lenguaje de uso compartido. Esta tendencia afecta de manera especial al deporte, que, de hecho, ha sido históricamente uno de los precursores de la globalización, y que muestra una elevada propensión a la utilización de términos estándares referidos a disciplinas que se practican en los más diversos rincones del planeta. Por su carácter de mercancía globalizada, los deportes de masa son, ciertamente, un terreno especialmente abonado para esa forma de integración por la vía de las palabras.
Un deporte como el baloncesto, nacido en Estados Unidos, país donde alcanza su máximo esplendor, difícilmente podía ser una excepción al respecto. Antes al contrario, su internacionalización, merced a una eficaz exportación a todo el mundo, encuentra en las acepciones originales representativas de las distintas acciones del juego un vehículo ideal de comunicación, aunque en la lengua hispana no haya logrado lo que el fútbol o el voleibol con la propia denominación del deporte.
En unos casos por la dificultad de encontrar la traducción adecuada, en otros, por las ventajas que tiene poder utilizar un vocablo común, nos convertimos en usuarios de un idioma que expande inexorablemente sus dominios. Lo anterior, que podría considerarse una manifestación de una forma de homogeneización cultural, tiene a veces una dimensión más controvertida, consistente en transmutar miméticamente voces originales por otras vernáculas sin percatarnos de que no siempre resulta posible esa conversión automática o en emplearlas a costa de arrinconar otras del propio idioma que resultan adecuadas.
Ya el gran maestro Fernando Lázaro Carreter dejó escritos insuperables dardos que también hicieron diana en la jerga deportiva, aunque se mantuvo más distante del mundo del baloncesto. Así, en su alegato contra el uso de 'play off', ni siquiera menciona el nombre de este deporte. Es una verdadera pena que una autoridad con tan absoluto dominio de los entresijos del idioma español, y una no menos apreciable dosis de perspicacia, no llegase a adoctrinarnos acerca de los posibles usos incorrectos ligados al deporte de la canasta, en el que, muy probablemente, el prestigioso lingüista habría encontrado objetos sobre los que arrojar sus afilados dardos, que sí dejaron bastantes huellas en el campo balompédico.
Y ello a pesar de que las últimas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española han incorporado numerosas entradas específicas del baloncesto, como, por ejemplo, las siguientes: canasta, cesta, encestar (se alude, por cierto, al cesto de la 'meta' contraria), tiro libre, triple (¿podría emplearse 'doble' para los tiros de dos puntos?), cámino (término tal vez en declive, pese a su inclusión), mate, pívot (aunque se declare una preferencia por "pivote"), tapón (¿habría que especificar que la acción debe ser reglamentaria?), rebote (denominación que da a la "pelota que rebota...", si bien la acepción que mejor se ajusta no es la que el diccionario recoge específicamente para la pelota)...
Otras expresiones, al menos por el momento, no figuran recogidas, como son las de 'play off', 'body check', 'pick and roll', 'alley-oop' o 'basket average' (¿se refiere realmente a un promedio?), que, pese a poder encontrar contrapartes españolas, en ocasiones éstas lo hacen sacrificando la economía del lenguaje o la precisión en la significación.
Tampoco pueden dejar de mencionarse otros casos en los que pueden suscitarse algunas dudas respecto al uso más apropiado: ¿balones perdidos, o pérdidas de balón? (que suele ser siempre el mismo en cada partido), ¿balones recuperados, o recuperaciones de balón?, ¿balance defensivo, o equilibrio defensivo?, ¿dobles figuras, o dobles dígitos?, ¿salto entre dos, o salto de dos?, ¿dos más uno, o dos más un tiro libre adicional?, ¿socio, o abonado?, ¿crecer (deportivamente), o progresar (deportivamente)?...
En fin, a través de estas líneas, que no aspiran a ser más que unas reflexiones meramente tentativas, no se ha pretendido en modo alguno lanzar ningún dardo ni, mucho menos, por tanto, que pudiese lograr una canasta, ni siquiera de un punto. No obstante, evocando el añorado programa televisivo 'Cesta y puntos', con el que disfrutábamos muchos niños en los lejanos años sesenta, tal vez pueda generarse algún 'rebote', que quizás alguien pueda gestionar con más acierto.






Escriba su comentario acerca de esta noticia: