El ejemplo de Joe Kopicki
Antonio Gómez Carra
Observar estos días pasados, por la venida de Su Santidad el Papa a Madrid, la inmensa concentración de jóvenes católicos de todo el mundo, me llena de un gran optimismo. Creo que el mundo libre no se acaba, el mundo de la solidaridad, con banderas y sin banderías, el mundo del juego limpio, el mundo del amor entre los hombres.
La esperanza estriba en que sólo habrá las guerras deportivas, las olímpicas, mundiales, continentales y, cómo no, las batallas de nuestro querido deporte.
Pues sí, en ese contacto de lucha incruenta, a la búsqueda de una limpia victoria, se rompen barreras idiomáticas, religiosas, étnicas y nacen muchas amistades y amores, la famosa canción aquella de la Olimpiada de 1992 de Barcelona, ‘Amigos para siempre’, refleja lo que debe ser el futuro de la humanidad.
Cuando se piensa en estas cosas, me viene a la cabeza alguna anécdota: Yo entrenaba por 1992 al Caja de Bilbao, con aspiraciones al ascenso a ACB, teníamos un jugador muy querido por la afición, norteamericano de origen polaco, Joe Kopicki, que era de religión católica, serio, humilde y sin búsqueda de proselitismo; excelente jugador, disciplinado.
Yo era muy exigente en la entrega y ritmo en los entrenamientos con todos los jugadores, y regañaba a aquel que se podía equivocar. En una ocasión la regañina le tocó a Joe, posiblemente algo injusta; me miró con cara de enfado e hizo un gesto, sólo eso, de ira, de saltar a contestarme, pero se contuvo y acabó el entrenamiento muy bien. Como casi en la mayoría de equipos, los jugadores juniors o más jóvenes, tenían la tarea de recoger los balones y meterlos en su bolsa. Joe se me acercó y me dijo en voz baja: “Coach, permíteme por favor que sea yo quien recoja los balones hoy”. En seguida me di cuenta de lo que quería; nadie había apreciado su anterior gesto, creo que sólo había dado un manotazo al balón. Yo entendí ese detalle de humildad, él mismo se penitenciaba, por haberse dejado llevar de un momentáneo ataque de ira, eso iba contra sus creencias. Sólo lo entendimos él y yo, y lógicamente mi admiración subió muchos enteros.
¡Qué difícil es ser un buen católico! o ¡Qué difícil es ser buena persona en cualquier religión!
Yo entiendo la lucha incruenta, por poseer un balón, por coger una posición en un rebote, siendo duros y limpios, sin mala fe. A veces se recibe algún golpe accidental y al final todos nos damos, vencedores y vencidos, la mano o un abrazo. Las cosas quedan en su sitio y es posible que muchos hayan dejado en la cancha, creo que de eso se trata, sus odios, sus rencores, sus egoísmos, sus malos pensamientos o sus tristezas.
En esos contactos y enfrentamientos deportivos, vamos conociéndonos y nos volvemos solidarios, cercanos y muchas veces amigos.
El encontrarse con jugadores del talante de Joe, es un regalo para nuestro trabajo de entrenadores y aunque en el fragor de la batalla se pierdan los nervios en ocasiones, al final todo queda en mera anécdota.
Creo que en esa reunión mundial con el representante de la Iglesia Católica se debería ir más allá, a la búsqueda del ecumenismo, tal como resultan ser al fin y al cabo las competencias en nuestro deporte, así como en el resto de las manifestaciones deportivas.
Por eso pienso que el mundo ha de buscar eso, una fraternidad, un diálogo en donde se lime lo que nos separa y nos acerque a lo que todo el mundo desea, el amor. Me da pues la sensación que esas competiciones deportivas, que esas reuniones juveniles, están propiciadas por alguien que nos da salida a nuestros sinsabores y frustraciones. Hay que mirar más alto, mucho más, que cuando lo hacemos buscando la trayectoria hacia la canasta de un balón de baloncesto.





Creo que para completar este precioso artículo sobre un grandisimo y, tal vez, el jugador más querido en la historia de Bilbao, se deba decir que jugó dos temporadas en primera B por estar en Bilbao(aparte de las de ACB) y que este año al que se refiere el articulista, el gran Joe se gano el que Lolo Sainz se fijara en él para el proyecto del Joventut de los "tres americanos en ACB" y junto a Harod Pressley y Corney Thompson jugase Joe en la "penya" de ensueño, gracias a la recomendación que se produjo entre entrenadores y que tanto buscaba Lolo y tanto merecio Joe Kopicki.
grandisimo jugador. como persona mejor aun. al verlo fuera de la pista lo ultimo que pensabas era que que jugaba a baloncesto... luego al verlo dentro, el era baloncesto.no corria pero llegaba siempre. no saltaba pero era de los que mas rebotes pillaban. no era maximo asistente pero un pase suyo te dejaba solo debajo del aro... y cuando estabas con un cabreo de los que hacen historia, el se acercaba, te daba una palmada en el culo, te sonreia y decia.... "vamos, que yo te ayudo". lo dicho, grandisimo jugador y mejor persona.
Evaristo Blázquez??
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