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Jueves 17 de mayo de 2012

El mágico álbum de deseos

Deje su comentario  Ver comentarios 22-12-2011 22:43:31
Ernesto Fernández Samaniego

El álbum completo de nuestra vida vuelve a casa, y en Navidad los espejos nos acompañan a su antojo, mostrándonos todo y nada, llevándonos en volandas hacia otro año, con nuestra conciencia borrando las huellas de casi todo, con una luz especial que alegra a unos, deja indiferentes a otros y amarga al resto. Estrellas, belenes, adornos, recuerdos, momentos… sólo momentos, pero mientras queden los deseos, seguimos vivos, ilusionados, esperanzados de vida en el suave reflejo de otra Navidad. Una más.

Foto: Toni MoleroPero sería deseable que las felicitaciones se restringiesen a aquellos que nos importan de verdad, con el cariño que merecen y el espacio adecuado en la pantalla de tu móvil, ordenador o postal. Y sería un milagro que nadie temblase si no es por frío, que cerrar los ojos fuera un gesto que apareciese más veces que las correspondientes a cada noche, como los ancianos, una pausa que da serenidad. Sería estupendo que ordenar pensamientos fuese una obligación moral diaria, que dar la mano fuese siempre un gesto protector y humano; que los besos no se vendan, que alguna vez sigamos contando un cuento a un niño, que las lágrimas a veces sirvan para ver a tus amigos, siempre que sigan ahí cuando rías a carcajadas. Que las súplicas se reserven para ocasiones especiales, que colgar el teléfono con enfado sea una leyenda que nadie ha visto ni vivido jamás, y que parecerte a alguien sea un placer y no una odiosa comparación.

Sería deseable que la envidia no marque las decisiones de nadie, que los compañeros de trabajo lo sean de verdad, sin prejuicios y con flexibilidad y sonrisa real, nunca fingida.

Sería deseable que los solteros decidan sin prisa, sin presiones, sin sentir el peso de la soledad, buscada o no, sino el alivio de la libertad o la paz más celestial. Que los casados felices agradezcan a la vida su suerte, su infinita suerte, y los infelices aguanten sin reproches pero sin apagarse ni morirse en vida, buscando recursos y amigos, ocio y pasión donde puedan o, por el contrario, cambien su vida, sin por ello modificar radicalmente su forma de ser o de pensar. Y que los divorciados o separados entiendan que los hijos son los mismos que tenían, para los cuales la naturalidad y la normalidad es la mejor receta, sin amores fingidos o dirigidos, sin compensar nada con ellos ni litigar más allá de lo inevitable. Que alguien cuidase a los cuidadores de enfermos, que no hiciesen falta turnos en los hospitales en estas fechas, y que alguna vez “tenemos que hablar” sea precursor de buenísimas noticias.

Sería deseable que las recetas milagro no campasen a sus anchas mientras el resto de los estilos de vida no acompañen en la misma proporción, que aceptarse fuese mejor que inventarse remedios. Sería deseable que entendiésemos que la fuerza de la voluntad es lo más poderoso que tenemos, y que tiene el don de la ubicuidad, que para dormir bien hay que cenar pronto, tener la conciencia tranquila y el cuerpo mimado.

Sería vital que supiésemos que un masaje es una inversión necesaria y un baño caliente una obligación semanal. Que a veces hay que inventar mapas del tesoro para ilusionarnos con lo que queremos conseguir, y que el tiempo lo manejásemos sin desidia y con el corazón. Sería deseable que reservásemos trasteros cerebrales de cosas inservibles, siempre que los ordenemos de vez en cuando rescatando lo que creíamos perdido; que la marea se llevase sólo lo que disfrutamos viendo cómo se aleja, que valorásemos que mirar a los ojos a tu pareja más de treinta segundos vale la pena en momentos de paz, que lográsemos entender que los ángeles están más cerca de lo que creemos, que juzgásemos a las personas por su comportamiento, no por lo que nos han contado de ellos.

Sería deseable que llevásemos al altar a quienes lo merecen, en todos los sentidos, y que dar las gracias fuese una labor incansable y reconfortante; y que prometamos sólo lo que sentimos, que la victoria fuese una apuesta gratuita, y que la propiedad no fuese aplicable a las personas; que dar la cara fuese la norma, que ser uno mismo no estuviese prohibido, que ser joven y viejo fuese la mejor paradoja del mundo; que nunca doliese alejarse, que las pilas durasen siempre, que necesitar a alguien fuese un dulce placer sin repuesto, y no un estéril sufrimiento y que nunca necesitásemos lo alto de una gran montaña o la inmensidad del mar delante de nosotros para reflexionar unos segundos eternos y respirar más hondo. Que la indiferencia no fuese nunca útil, y que aprender supiese a helado de fresa toda la vida.

Sería deseable que esta Navidad ser agradable, amable, cercano, y atento fuese la norma social y no la excepción.

Sería deseable que más de la mitad de este texto fuese factible, un sueño posible, un afán asequible. Y lo es. Lo sé.
 

Comentarios (2)

  1. 10-01-2012 08:24:31  JJ dice:

    Navegando, he caido en este curioso sitio. Escribes muy bien. Seguro que has tenido buenos maestros. Aún así las frases no dejan de ser un acúmulo de palabras concatenadas si no van acompañadas de pinceladas de inteligencia y sentimiento. Enhorabuena, paisano y compañero.

  2. 24-12-2011 01:33:47  marta martinez blanco dice:

    Dios Santo! Que belleza de artículo,que dificil escribir así sin caer en la ñonería ni en la sesiblería ramplona. Todo,cada palabra escrita vale,enseña,llega... Felicidades y gracias por compartir tu album de deseos, con nosostros.

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