El ritual (y II)
Víctor M. Romero
En vendajes hay de todo, a favor, en contra, cortos, largos, dobles... como los donuts. También existen las máscaras por recomendación médica. Tinkle y Scott las usaron por la tradicional rotura de tabique nasal, pero reducen la visión. Richard se la quitó y exclamó: «¡Si ya soy feo, con esta careta, lo soy el doble!». Abbio, en cambio, mira por su dentadura. Posee tantos protectores bucales como botes de gomina Paraíso, aunque se decanta por el rojo, el «más cómodo»...
Lamp acudía al vestuario como un resorte instantes antes de empezar el partido. «Decía que iba al water...». Y secarse las manos con las zapatillas lo hacen Pecile y Eddie Casiano. El caribeño subía al coche para recorrer 50 metros de casa al Palacio. «Es muy friolero», le justificaron. Frío también tenía John Morton, que se entrenaba con las manos en los bolsillos del chándal. «Es que no ponen la calefacción y viene de Canarias». A Ward le salió caro buscar calor auditivo. Valdeolmillos le despidió por culpa del gorrito de lana que se ponía para «protegerme los tímpanos». Hizo oídos sordos.
King se pasaba la noche en vela con la tele, Mazique dormía en el sofá, Jabari jugaba con un coche teledirigido en el entrenamiento, Lockhart lo interrumpía para llevar al baño a su hijo; varios de ellos aparcaban en la acera, garaje ajeno o doble fila, Ham estrelló el vehículo contra una cabina de teléfonos, Minaev conducía sin carné y también chocó (normal), "Gordo" Williams y Green apostaban, Radunovic esquiaba y echaba pulsos en secreto, Hall celebraba los mates tirándose al suelo o contra las vallas... Ahora, me quedo con aquel jugador que aseguró que hacía el pis sentado. Hay gustos como colores.
Un viejo refrán apunta que «cada maestrillo tiene su librillo». Los entrenadores suelen ser, por naturaleza y como genios que son en muchos casos, auténticos maniáticos. Sergio Valdeolmillos se quitó la corbata de color azul el 23 de noviembre de 2003, justo el día que perdió frente a su ex equipo, el Ourense, en LEB y se produjo su divorcio con Veljko Mrsic. Desde entonces usa corbata roja, más bien granate, con suaves listas. Odia el amarillo, como los toreros y artistas, superstición en la que el fisioterapeuta Juan José Muñoz no reparó en un partido al aparecer con un lustroso jersey amarillo que requería gafas de sol. El periodista deportivo y otrora delegado Carlos Landa, en casa, y Eugenio Llera, su segundo, lejos del Palacio, le anudan la corbata en una ceremonia que se repite cada jornada.
En otros casos, no había manera de que Moncho Monsalve soltara un papel que siempre llevaba enrollado en la mano. Enrique Gutiérrez también se sentía desnudo sin "su botella de agua", a la que se agarraba como talismán. A Gómez Nieto se le notaban los nervios, bloqueo mental y falta de soluciones en partidos cuesta arriba cuando se quitaba la chaqueta. Y al yugoslavo Vujosevic le encantaban las gambas y los pájaros, la casa la tenía llena de jaulas de aves pintorescas, por distintos motivos: la degustación de calidad y la compañía. Humanos son.






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