El rubio mata
Mikel Cuadra Aguirre
Ya sabemos que el tabaco perjudica, y muy gravemente, a la salud; pero hay un rubio que mata sin hacernos ningún daño: Nowitzki. Miami se llenaba de tres sin lograr hacer uno mientras los Mavericks, de Carlisle, conseguían ser un todo aunque casi nadie apostara por ellos un mísero dólar. Rick enseñó al mundo cómo se gana, a un puñado de musculados sin muñeca, con una majestuosa zona como invitada principal (que muchos no vieron). Los penetradores, contraatacadores y aprovechones ante defensas no formadas, se daban con el canto en el aro ante la formadísima defensa flotante texana.
Entre tanto, un espigado teutón se lo pasaba en grande exportando técnica individual ante una Florida cuadrilla de obtusos monocordes. El rubio que mata, un minúsculo enorme Barea, un Terry reserva de coña, Kidd sin kárate y, en definitiva, un equipo con lectura y técnica, se bañó en Miami Beach. Que luego nos cuenten películas de miedo sobre las presionantes defensas, sobre la vital importancia de los hercúleos corpachones, sobre la innegable necesidad de correr el campo, aunque lo hagamos sin cabeza y, sobre manera, aquello de que el físico pasa por encima de un verdadero jugador de baloncesto. Que se lo cuenten a Dirk, a Larry o a Navarro, grandes atletas que llenan o llenaban las canchas de espeluznantes mates, de carreras únicas, de masa muscular y de rodillas en tierra. ¡¡¡Paparruchas!!! Que no os engañen ni en las escuelas, ni en los campus, ni en los medios. Metedlas, por Dios; equivocaos por ser diferentes, por la Virgen María; botad, por todos los Santos; empapaos de técnica, por el niño Jesús; sabed a qué deporte jugáis, por la Magdalena; y dejad los mates, las carreras de manicomio, las entradas suicidas y los aspavientos para cuando os llenen de rayas muchas pizarras incontinentes.
Por este tipo de alemanes (aunque la Merkel me importe un pepino) o magos de San Feliú o pájaros de Indiana, merece la pena seguir creyendo en la verdad del mejor y más inteligente juego del mundo, aunque más de uno lo quiera embrutecer.
Yo prefiero al rubio que mata antes que a todos aquellos que nos ponen negros.






Escriba su comentario acerca de esta noticia: