El sueño europeo de Payne
Paco Rengel
"Es muy bueno", definió el malagueño Francis Sánchez, jugador del C. B. Granada, cuando el Clínicas Rincón anunciaba el fichaje de Mark Payne como alero anotador. Cuando alguien como el veterano alero dice eso hay que evaluarlo en su justa medida. No indicaba que era un anotador, o un tirador o un saltador... No, no. Dijo "muy bueno". Y esa apreciación, viniendo de un conocedor del juego, está llena de intangibles y de poso. Unos meses después, Payne es un problema: tiene sitio en el Unicaja pero sobrarán pasaportes estadounidenses en unas semanas. Por ahora, este jugador, que supera los 2,00 metros y tiene 23 años, vive su particular sueño europeo y lo disfruta.
No entró en el 'draft' -su universidad, UC Davis, carece de curriculum- y, aunque pudo ir a algún campus de prueba, prefirió fijarse en Europa. Reclutado por la empresa en la que trabaja Quique Villalobos, fue el exalero del Madrid y del Caja Ronda quien empezó a ofrecerlo a media Liga ACB después de ver catorce vídeos del californiano... Pero no era conocido. Se inclinó por la LEB y lo llevó a Granada. Ya en pretemporada, cuando lo vieron algunos de la élite, se interesaron por sus servicios, pero no hubo acuerdo. Surgió el Clínicas, y se vino a Málaga. Lesiones le abrieron el paso al primer equipo, y Payne se hace con minutos y responsabilidad; desde su concepción del juego, por su sonrisa y su solidaridad, por su capacidad para dirigir y pasar, y por la entrega.
Jovial, sonriente, aparece a la hora concertada acompañado de Rosa Mariscal, del departamento de Prensa del club, quien, amablemente, nos ayuda en la traducción:
Podría decirse que el mundo al revés: es usted un americano viviendo un sueño europeo...
Sí, sí, está claro -sonríe-. Me siento muy afortunado y vivo una gran oportunidad que no esperaba que llegara tan rápido. Pero la asumo con ilusión. Esto supone una gran exposición ante quienes no me conocen, que son la mayoría.
¿Cuándo empezó a jugar?
Muy pequeño, con 4 o 5 años. Tengo dos hermanos mayores que ya practicaban el baloncesto y, claro, me incliné por este deporte. No, no, ninguno de ellos llegó a gran cosa... Eso sí, desde que empecé siempre fui un jugador muy raro: era zurdo, de pequeño era el más bajito y tenía que jugar de base... Ahora soy alto y sigo jugando de base, aunque puedo hacerlo en otro puesto.
Suponemos que para un estadounidense resultará raro eso de los cupos, de los pasaportes, para jugar a baloncesto...
Bueno, pero es así. Además, yo no tengo ningún antecesor con orígenes europeos... -ríe-.
Por sus características físicas, bien podría decir que sus abuelos eran irlandeses...
No, no. Mis parientes lejanísimos parece que provenían de Noruega.
Es curioso, ha jugado usted mejor con el primer equipo que con el filial...
Sí, porque es muy distinto. El Clínicas está formado por jugadores muy jóvenes, que siguen aprendiendo y que obligan a que en los entrenamientos haya que parar mucho para explicar las cosas. En el primer equipo son grandes jugadores, que saben lo que hay que hacer y eso lo facilita todo.
Díganos quién fue su ídolo...
Sin lugar a dudas, Steve Nash, el base canadiense. Realmente me entusiasmaba.
No parece que tenga las manos muy grandes...
No. De hecho, no puedo agarrar el balón con una mano. Cuando dos los pases me ayudo del impulso del brazo.
Su forma de concebir el juego se estila cada día menos, ¿lo sabe?
Sí, claro. Ya le dije antes que siempre me he considerado un jugador raro. Y creo que eso me está ayudando mucho en mi carrera: ahora soy alto, delgado... y base.
No sé si conoce la frase atribuida a Tony Kukoc: "Una canasta hace feliz a uno, pero una asistencia hace felices a dos"...
No, no la conocía, pero es evidente que es una buena filosofía para interpretar este juego.
¿Cuándo se dio cuenta de que su sueño estaba cumpliéndose?
En Moscú, cuando jugué el partido de la Euroliga. Después de hablar con mi novia -Melanie es entrenadora de voleibol y vive en California, aunque pasa etapas en Málaga-, telefoneé a mis padres, y les conté que había jugado y, sobre todo, el sitio en donde estaba, todo nevado, majestuoso... Fue una gran experiencia.
Da la impresión de que su proceso de adaptación tampoco ha sido un obstáculo...
Bueno, no crea. Realmente es muy duro. En Granada apenas había compañeros que hablaran bien mi idioma. Se esforzaban por ayudarme y conversar, pero al no dominarlo era difícil mantener una charla larga con ellos. Aquí ya todo resultó más fácil. En el Unicaja hablan todos inglés. El primer mes fue realmente duro.
¿Sabe lo que es la Copa del Rey?
Sí, sí. Me ha hablado mucho Quique Villalobos. Sé que es un torneo muy atractivo y un gran escaparate para jugadores, sobre todo para mí, que sigo siendo casi un desconocido.
¿Es feliz en Málaga?
Mucho. Me entusiasma la ciudad, la organización del club, los compañeros, los entrenadores. Lo que hablábamos al principio: todo un sueño.
¿Su ilusión?
Ojalá pueda jugar muchos años aquí. A eso me aplico actualmente.
Mark Payne tiene un contrato con el Unicaja que expira a final de esta campaña, si bien el club malagueño dispone de la opción de renovarlo automáticamente una temporada más. El futuro inmediato del jugador se conocerá cuando Chus Mateo disponga de Tremmell Darden. Será entonces cuando el técnico deba resolver el problema más 'dulce' que se le puede presentar en un equipo.





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