El viaje más dulce
Ernesto Fernández Samaniego
Whitney Houston
Regresábamos de un partido, uno más, en aquellos interminables viajes de autobús. Toda una noche, casi en vela, incómodos, cansados y tras una derrota contra dios sabe quién. El equipo del Magia de Huesca regresaba a su ciudad, que ya casi se adivinaba al fondo de una inmensa y eterna carretera recta. No recuerdo el año, quizá 1987.
Amanecía, y los aún tenues rayos solares se colaban por delante del vehículo, creando una atmósfera que, a pesar del agotamiento, parecía sedar a todo el mundo y donde no se oía más que el silencio. Yo iba delante, siempre escogía esa situación por mi tendencia al mareo. Estaba a gusto, esperando la llegada. Granger Hall, desde la parte trasera del autobús, donde siempre viajaba para estar a sus anchas, recorrió el pasillo entero y se dirigió hacia el conductor –“Querrá más o menos calor”, pensé acostumbrado a las distermias constantes del americano durante los viajes–.
Llevaba algo en la mano, pero no se veía bien, apenas se intuía una caja pequeña, más bien plana… Habló unos segundos, hizo un gesto de aprobación y volvió a su asiento. El sol seguía ascendiendo y ya casi todos estábamos sentados, despiertos y, sobre todo, muy, muy tranquilos por alguna razón que nunca entenderé.
De repente, una voz, una desconocida y celestial voz llenó el autobús. Seguía el silencio, ahora inundado de esa música que nadie conocía pero que parecía hipnotizar a casi todos. Esa escena continuó durante más de 30 minutos; fue diferente, especial y, desde luego, un descubrimiento de todos los que estábamos allí, gracias al gusto musical de Granger.
Lo que nos mostró, en un peculiar momento de nuestras vidas fue este disco, el primero, de Whitney Houston. Convirtió un desplazamiento horrible en un viaje dulce, tremendamente dulce…
No tardamos demasiado en preguntarle de quién se trataba, mientras él sonreía con cara de suficiencia y nos enseñaba el cassette.
Vivir da tanta luz que en ocasiones abrasa. El consuelo es efímero si no conlleva un exhaustivo análisis de todo aquello que te angustia. Por eso, sembrar compañía o esperanza es tan importante, aunque no sea reconocido de forma inmediata. La vida duele, en ocasiones, y el modo de sentirlo o afrontarlo refuerza o destruye a quienes luchan contra sentimientos encontrados.
Gracias a Granger por enseñarme a Whitney; a ella, por acompañarme en muchos momentos de mi vida desde entonces, y a los que resisten, por eso, por ser fuertes y vivir, que no es poco…
WH, descansa en paz… (1963-2012).




Escriba su comentario acerca de esta noticia: