Encuentros y desencuentros con un mito (I)
Justo Conde Esteve
Acabo de leer con inusitada fruición, mi estimado Paco, esa reedición que actualmente has recuperado en portada, de aquellos artículos que hace algunos años escribía Pedro Ferrándiz y en los que con el mayor… ¿descaro?, ¿prepotencia?, ¿chulería?, ¿coña? se autoconcedía el calificativo de mito, a la vez que, como tal, no concebía que para asistir a actos como en el que os conocisteis por vez primera, tuviera que costearse el viaje y alojamiento. De verdad, te confieso que en mi fuero interno aplaudí su audacia en exponer de forma tan clara lo que otros más pusilánimes sólo lo pensarían para sus adentros, y que algunos de los presentes en aquel ágape al que tardíamente fue invitado, pudieran catalogarlo como auténtica grosería. Y es que Pedro siempre ha sido así de arrogante en su autogestión personal. Y lo digo porque me precio de haberlo conocido y tratado desde el principio de su pródiga aventura baloncestista, que él abandonaba para iniciar la escalada hacia las más altas cotas del basket mundial, al tiempo que como mejor ‘hobby’ dedicaba sus horas libres jugando al golf . Este cambio experimentado en la vida del MITO, coincidía poco más tarde en que yo me veía apartado del periodismo activo, coincidente circunstancia de la que han transcurrido bastantes años.
Mi primera entrevista personal con un muy joven Ferrándiz fue con motivo de su, posiblemente, primera visita a Barcelona con motivo de un doble Campeonato de España, juvenil e infantil, en el que Pedro comandaba al juvenil del Real Madrid y en donde yo actuaba como locutor en el Palacio de Deportes en sus eventos baloncestistas. Allí invité a Pedro para que al siguiente día acudiera a mi emisora para entrevistarle, y Pedro, acompañado de su capitán, Sañudo, se personaron en la emisora Radio Juventud de la Cadena Azul en donde yo también había iniciado mis andaduras radiofónico-periodísticas, y pude realizarles una amplia entrevista en directo.
De aquel primer contacto, nació una muy buena amistad, como lo demuestra el que yo también pasara a ser un buen colaborador de Pedro, cuando un año más tarde, al nacer la I Liga Nacional, el creara y coordinara aquella modesta revista mensual ‘Baloncesto’, que editó la Federación Española, y que posteriormente desaparecería al abandonarla Pedro al hacerse cargo del primer equipo madridista, relevando a Jacinto Ardevínez en la cuarta edición de la Liga Nacional.
Una muy buena relación que se mantendría bastante tiempo y como lo demuestra el que por su mediación y la bendición de Raimundo Saporta, por descontado, por dos años consecutivos, aquel casi imbatible Real Madrid jugara dos amistosos nocturnos ante aquel C. B. Sitges que yo presidía y ejercía de entrenador, aprovechando el haber jugado por la mañana ante el Juventud badalonés. Doble visita de forma totalmente gratuita y sin mayor coste que el de hacernos cargo de su desplazamiento en autocar desde Badalona, y el alojamiento y cena en uno de los dos mejores hoteles de la época.
También las páginas de la mítica revista ‘REBOTE’, de la que fui fundador y coordinador hasta su final, siempre estuvieron abiertas a Pedro, a quien siempre admiré especialmente por su valentía y sinceridad en autodeclararse “primer profesional del baloncesto español”, sin tapujos, cuando no se admitía tal catalogación y sí, en cambio, se aceptaban aquellos hipócritas subterfugios de que pudieran darse tantas “satisfacciones” como compensación a unos cambios de residencia o becas para extranjeros en sus estancias con motivos de estudios universitarios, o simplemente para estudiar español. Ese era el permitido o reglamentado trasfondo del baloncesto español en el que yo debuté como periodista. Aquella valiente confesión de Pedro, pudo originar cierto escándalo entre los más puritanos, pero no hubo federativo alguno que se atreviera a sancionarlo.
Pero esa buena amistad se truncó a raíz de haber iniciado yo mi mejor etapa profesional en ‘DICEN’, coincidente con el debut de Pedro como seleccionador nacional y su poco inteligente trato diferencial observado para con nuestros divos de aquella época, especialmente por lo que hacia referencia a ‘su’ grupo madridista respecto a los catalanes del Juventud, y más concretamente a nuestro por entonces insustituible Alfonso Martínez. Su exclusión de la selección, al haberse retrasado en llegar a la concentración de Santillana del Mar enterado de que Emiliano había obtenido bula en llegar un par de días tarde, derivó en que estallara una cruenta divergencia entre madridistas y badaloneses, que lógicamente trascendió en el dividido entorno de aquella selección, que tan triste papel realizaría en el Europeo moscovita con fase previa en Tiflis, y que provocaría el cese de Pedro como seleccionador.
Y yo, como periodista, firmaba en ‘DICEN’ las más duras críticas al proceder de aquel seleccionador, y al que previamente habíamos aconsejado los periodistas catalanes no designarlo al presidente Anselmo López, dado el precedente de no habérsele permitido anteriormente a Eduardo Kucharski la misma dualidad de cargos de la que se le ofrecía a Pedro, y pronosticamos su fracaso… al consumarse este, aquella buena amistad quedaba rota por largos años. O mejor aún, yo aprovechaba cualquier circunstancia para cargar mis tintas contra las actuaciones del equipo merengue y de su entrenador, dado que él también, al haber iniciado yo mi etapa en ‘DICEN’, arreció con maneras poco éticas en su intento de ver borrada mi firma en aquellas páginas que habían adquirido ya cierto prestigio en el mundillo baloncestista español; maneras poco éticas pero infructuosas y que le merecieron a Pedro un severo toque de atención por parte de Raimundo Saporta y Santiago Bernabeu, motivado por ciertos ‘envíos’ recibidos en Dicen y que mi director, Julián Mir, cuidó de devolver a don Santiago con una muy correcta denuncia sobre el proceder de su entrenador de baloncesto que tan en entredicho ponía el proverbial señorío del club blanco. Un relato que, por curioso y quizá divertido, visto desde la distancia de los años transcurridos, dejo para mejor ocasión y si lo cree interesante nuestro estimado director.
Continúa...

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