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Lunes 21 de mayo de 2012

Estadísticas deportivas

Deje su comentario  Ver comentarios 30-09-2010 11:01:57
José M. Domínguez

Si a un espectador de un partido de fútbol, de baloncesto o de tenis en la década de los sesenta del pasado siglo le hubiesen dicho, respectivamente, que, dentro de una serie de años, podría conocerse, casi en tiempo real, los minutos de posesión del balón por cada equipo, el porcentaje de acierto en el tiro de cualquier jugador o la velocidad de la bola en el servicio, probablemente habría creído que le estaban contando alguna historia de ciencia ficción. Muy en particular, quien, en un estadio de fútbol, estuviese padeciendo las penurias asociadas al inefable ‘marcador simultáneo Dardo’. Sin embargo, la revolución tecnológica, al margen de su impacto inicial, de manera sigilosa, amplía incesantemente el abanico de la información cuantitativa en todos los ámbitos del deporte.

La información estadística se ha convertido así en un elemento imprescindible del espectáculo deportivo, especialmente en las retransmisiones televisivas. Gracias a los avances informáticos, las bases de datos y el cómputo estadístico se erigen en notarios eficaces, tan infalibles como inmediatos, para ofrecer una radiografía detallada de la trayectoria de los jugadores y de las distintas facetas del juego.

Tiago Splitter (ACB Photo)Lógicamente, los registros estadísticos se limitan a capturar lo acontecido a lo largo de una vida deportiva, de una temporada, de un partido o de una fracción de este. Cualquier acotación es posible para generar todo tipo de indicadores. El significado de las cifras resultantes es bien sabido: sintetizar en un guarismo lo que ha ocurrido en el período seleccionado. En tal sentido, dichos números son neutros y asépticos (siempre, claro está, que se basen en una serie de observaciones suficientemente representativas).

Ahora bien, mientras que su capacidad informativa es plena respecto a lo ya acontecido, su capacidad predictiva es necesariamente limitada y, en concomitancia con la incertidumbre consustancial al deporte como actividad, únicamente cabe entenderlos como pistas, a veces sumamente valiosas, para pronosticar lo que puede suceder en una prueba próxima, siempre dentro unos ineludibles márgenes de error.

Un indicador basado en datos históricos adecuados es una guía casi infalible para saber lo que ocurrirá, en promedio, si se repite la actividad considerada un elevado número de veces, pero su falibilidad se incrementa notoriamente ante un caso único y concreto. Además, teniendo en cuenta que las actividades deportivas no se llevan a cabo en laboratorios donde se reproduzcan las condiciones personales y del entorno, las circunstancias individuales y ambientales pueden alterar la tendencia histórica en casos específicos.

Consiguientemente, dentro de las coordenadas descritas, sobradamente conocidas por cualquier aficionado, los registros estadísticos ofrecen una interesante información ‘ex ante’ acerca de la probabilidad de transformar un penalti, convertir un tiro libre, conseguir un ‘ace’ o lograr un tanto de remate.

Pese a esa función meramente informativa, y de ningún modo, por tanto, pretendidamente determinista de lo que está por acontecer, últimamente, según puede constatarse en algunas retransmisiones deportivas, parece estar imponiéndose una tendencia –no se sabe si por el influjo de alguna superstición o por alguna otra razón– a vetar o a posponer la provisión de dichos elementos bajo la etiqueta de una supuesta ‘maldición del comentarista’. Sin embargo, como es evidente, conocer lo ocurrido no prejuzga en absoluto lo que haya de ocurrir y, sobre todo, no puede influir en uno u otro sentido. Además, salga cara o salga cruz, no parece que pueda imputarse responsabilidad alguna en el resultado efectivo a quien, antes de lanzar una moneda al aire, se limite a recordar que los dos sucesos son equiprobables.

Cuestión distinta sería, desde luego, que alguien se atreviese a asegurar que en el lanzamiento de la moneda va a salir cara o, lo que es lo mismo, que, de manera inexorable, se va a marcar un penalti, convertir un tiro libre o lograr un ‘break’. Esa faceta, más propia del oficio de pitonisa, no forma parte necesariamente de las competencias exigidas a los comentaristas deportivos profesionales, lo que, por supuesto, no excluye la legítima emisión de opiniones subjetivas, más o menos argumentadas, que, a su vez, es algo distinto de dictar veredictos prematuros carentes de justificación.

Para el seguimiento de un evento deportivo siempre es bueno distinguir claramente entre datos objetivos, opiniones, deseos y pronósticos. Cada faceta tiene su papel reservado, pero es conveniente no confundirlos. Dentro de esa clasificación, esta aseveración representa, naturalmente, una mera opinión personal.
 

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