FA-VO-RI-TOS
Paco Rengel
Antonio Díaz-Miguel acuñó el sentimiento común con su reiterada definición, ‘equipo nacional’; Pepu Hernández nos remitió a silabear (ba-lon-ces-to) con sabor a oro, Aíto dirigió la plata olímpica con ese movimiento relajado pero compulsivo que le adelanta el cuello cual observador didáctico, y Scariolo adaptó al equipo para ratificar lo que tanto anunció al inolvidable Andrés Montes: “¡El oro está en Polonia!”.
De soñar en Colombia (1982) mientras que la mayoría dormíamos en España a hoy, no sólo ha pasado mucho tiempo, sino que ha cambiado radicalmente el papel de España en las competiciones internacionales.
Los ‘hijos’ de los héroes de Los Ángeles 84 son mucho mejores. ¡Y miren que aquellos eran buenos! Ahora la selección –el equipo nacional, perdona Antonio– es candidata al título en todas las competiciones, y la cita de Turquía no es una excepción.
Hay que dividir en sílabas la palabra mágica (fa-vo-ri-tos) y pronunciarla despacio, como llenándose la boca con cada golpe de voz… y digerirla con la responsabilidad necesaria. Los jugadores, esos protagonistas que nos han convertido el sueño utópico y pretérito en realidad, deben saber que son extraordinarios, que están considerados auténticos líderes en calidad de este juego. Pero también han de ser conscientes de que si acuden al torneo mundialista convencidos de que la etiqueta les va a ganar los partidos, lograrán toparse con el muro de la decepción.
Favoritos es una seña de realidad –no sólo de identidad–, pero también un signo de responsabilidad que a ellos les corresponde asumir… Y no porque cualquiera se la imponga, sino por culpa de ellos mismo. Por ser tan buenos.





Sin Calderón ya no somos favoritos. Somos uno más, con posibilidades, pero uno más entre 4.
Después de ver ayer a los USA frente a Lituania, creo que somos más fa-vo-ri-tos, y no olvidemos que no está Gasol. De todos modos, y como bien dices, cualquier despiste puede llevarnos de la euforia a la decepción, pero eso es parte del deporte y de la vida. Lo único no perdonable es la falta de entrega, y no creo que se dé, pues hay mucha hambre de ganar. Un saludo y felicidades por el trabajo.
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