Feliz Aro Nuevo
Mikel Cuadra Aguirre
Se nos va el año casi sin darnos cuenta, pero lo bailado había que bailarlo. Empezaremos lo que nos viene llenando de buenos deseos nuestro zurrón, aunque sepamos de antemano que seguirá habiendo un ciento de ovejas negras a nuestro alrededor. Casi finiquitado el 2011 es hora de balances. Los aros han vivido entre recortes ofensivos y una falta de talento que han convertido las audiencias en ausencias. Jugar a que nadie juegue puede hacer que se logren resultados, pero también puede ser una bomba de relojería a la hora de provocar emociones. El arbitraje complaciente y el físico sin arte colaboran en dibujar un baloncesto abstracto, al que muchos se van acostumbrando sin ponerse colorados. Las cátedras llenas de defensores de la defensa, pero que suspiran por jugadores que las metan, y la hipocresía de llamar a un partido de sesenta puntos espectáculo, deseo que dejen paso a la verdad de un juego en el que siempre gana el que mete una de más y no una de menos.
Ya sé que hay que defender, pero no hostiar; ya sé que hay que aguantar la posición, pero no agarrar; ya sé que hay que cerrar el rebote, pero no empujar; ya sé que hay que meter las manos, pero sin dar en las otras, y soy consciente de que hay que bloquear pero no hacerlo en movimiento sin que nadie ponga el grito en el cielo sobre la verdadera defensa.
El mejor equipo defensivo, a fecha de hoy, es el del equipo arbitral ya que determina, según su listón, los guarismos de muchos de los enfrentamientos. Si la mañana, tarde o noche transcurre entre pitos afónicos, los marcadores duermen entre ensaladas de golpes y choques; si aparecen afinados las mesas de anotación abandonan las listas del paro, y en la pista el jugador de baloncesto prevalece sobre el judoka sospechosamente. Entiendo que los humildes de presupuesto, quizás no tengan otra alternativa que la de jugar a que el otro no juegue, por la que les pudiera venir encima si lo hicieran de tú a tú; pero es que da la sensación de que la epidemia empieza a expandirse entre todas las capas sociales. Mientras tanto, las gradas y los sofás se vacían sin que nadie quiera darse por aludido.
Los equipos varían de nombres innombrables, que ni dios acaba de saber pronunciar, y que posiblemente en la siguiente temporada estén lanzando piedras en quién sabe dónde. La fidelización hacia el jugador, a día de hoy, es como pedir a un ateo que crea en Dios. Creamos más en los nuestros, apostemos por nuestra base para llegar a tener un baloncesto de altura dónde nos suenen los apellidos que den nombre a la liga.
Ante la llegada del nuevo año lanzo un grito de deseo de un Feliz Aro Nuevo, en el que no tengan cabida las tardes de pijama, las teles apagadas, las defensas ventajistas, los pitos silenciosos con su reglamento olvidado, los contraataques abortados, los bases contraídos, los tatamis, los leñadores y el aro con candado.
Feliz 2012 a todos mis BASKETCONFIDENCIALES del alma.






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