Gasca: el baloncesto hecho ballet (III)
Ramón Trecet
Nunca olvidaré la primera vez que vi a Essie. Gasca se había traído a Essie y a otro jugador muy alto y muy malo, y había que elegir quién jugaba la Liga y quién en Europa. Me acuerdo que le pregunté: “Pero, ¿tenemos dinero para jugar en Europa?”. Y la respuesta fue la de siempre: “No, pero vamos a jugar”.
Era el mes de agosto y allí estaban los dos jugadores, Essie y el alto. Se organizó un partidillo con los otros jugadores y el alto cogía rebotes, le daba el balón al base, se ponía de espaldas al aro en ataque… muy ortodoxo, muy estadísticamente bueno. Essie estaba como perdido… Luego, al conocerle mejor, supimos que para él pasar pruebas era un castigo, porque no entendía esa falta de confianza. Él sabía que era muy bueno. “No se fían de mi”. Por eso no rendía en las pruebas. Pero aquel día, hizo dos cosas y nos quedamos todos mirándonos entre nosotros. Sí, porque Gasca, unos años antes, se había traído a San Sebastián nada más y nada menos que a Oscar Robertson (si, ese Oscar Robertson) a dar un clinic y Oscar había hecho dos o tres cosas para soñar, pero allí estaba este… ¿Cómo se llama, Essie Hollis? ¿Universidad de San Buenaventura?... Haciendo lo mismo. Muy humilde, muy tranquilo, un ser humano ejemplar. “Me vendría mejor el alto (se había retirado Azpiazu), pero va a ser emocionante ver a Hollis”, dijo Gasca con aquel brillo en los ojos de bendita locura que tan bien conocíamos. Y para bendición eterna del baloncesto español, Essie comenzó la Liga con el Askatuak, nueva denominación del equipo, con una persona, Iñaki Almandoz, siendo por fin el directivo que Gasca necesitaba. Iñaki, el mejor continuador de la obra de Gasca, que merece un homenaje del baloncesto guipuzcoano.
El primer partido en casa era contra Manresa Kans. Los manresanos tenían un pívot altísimo llamado Fullarton que complementaba sus ingresos dando clases de inglés (eran otros tiempos). Gana el salto Askatuak, por medio de una promesa que con el tiempo sería un gran jugador, Chus Pérez. Balón a Essie. Manresa en zona. Bota que te bota, Essie remonta línea de fondo. Fullarton le acompaña hasta la vertical del aro y ahí lo deja, porque… “¿cómo va a hacer algo a aro pasado?” diría el pobre al final del partido. Essie da un último bote, se levanta majestuoso y clava un mate de espaldas a dos manos que casi se carga el tablero. Los jugadores del Manresa se miran y yo le digo a Gasca en el banquillo: “Fíjate qué caras; les hemos ganado el partido”. Y él, como siempre: “Bueno, bueno, ya veremos”.
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Artículo publicado en: http://www.acb.com






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