Goodbay Japón
José María Martín Urbano
No cabe ninguna duda de que el baloncesto que nos llegó desde Japón, a través de la televisión, cautivó a muchos españoles durante los pasados meses de agosto y septiembre. Nuestro deporte favorito se metió en las casas y en los corazones de la gente. Dicen que el número de abonados de los clubes ha aumentado de manera considerable, debe ser cierto, pero los presupuestos que se manejan ya en la ACB no se sostienen con lo que pagan los espectadores que van a los pabellones. Por eso, resulta necesario universalizar este juego y también los ingresos que genera a través de la televisión, con una competición que apasione a muchos.
Llegados a la primera jornada de la ACB, la realidad se nos cae encima. De los noventa puestos que ofrecen los quintetos titulares de los dieciocho equipos de la ACB, sólo veinticinco fueron ocupados por jugadores nacidos en España, una cifra que no llega ni al 28% del total. Tengo la impresión de que al señor que ve la tele en su casa de Huelva, Badajoz o Tenerife le trae sin cuidado quién gane un partido que juegan unos cuantos extranjeros que, vestidos de dos colores diferentes, dicen que representan a otras dos ciudades de otras partes de España.
Por supuesto, la carencia de jugadores nacionales nos impide acercarnos emocionalmente a muchos de los partidos que se nos ofrecen.
La situación a mí me parece muy preocupante, pero todavía me resulta mucho más al comprobar que se trata de una tendencia ya consolidada. En los últimos años vengo tomando nota de estos datos y en el 2004 fueron 36 los jugadores españoles que empezaron la competición como titulares, y en el 2005 la cifra se quedó en solo 29. En este año de gloria para el baloncesto nacional la cifra ha vuelto a rebajarse, esta vez en cuatro unidades más.
Yo tengo la impresión de que a nadie le preocupa esto demasiado, ni creo que esa falta de protagonismo de los jugadores nacionales esté considerado un problema. Si así fuera, no se entendería que en muchos clubes los mayores esfuerzos humanos y presupuestarios se dedicaran a la captación de chicos extranjeros para sus equipos de formación. No me sorprendería lo más mínimo que esa escasa proporción de jugadores nacionales se repitiera muy pronto en el Campeonato de España júnior, y lo peor es que no estoy seguro de que eso le preocupara a alguien.





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