Isiah Thomas: el negativo del Rey Midas
Javier Dale
Cuenta la mitología griega que Midas, hijo de Gordius, rey de Frigia, rescató al viejo sátiro Sileno de la ira de los campesinos de sus dominios. Como agradecimiento, Dioniso, dios del vino, se ofreció a concederle el favor que pidiera. El ambicioso Midas demandó que todo lo que tocara se convirtiera en oro, y el también protector de la agricultura se lo concedió. La tragedia sobrevino a Midas cuando vio que también el agua que quería beber mutaba en oro, así como los alimentos. Desesperado, suplicó a Dioniso que le liberara de su don. El dios accedió, ordenándole que se bañara en el río Pactolo.
En la última década, la NBA ha visto cómo entre sus figuras nacía un nuevo Rey Midas, aunque en negativo: todo lo que toca se convierte el plomo, en desastre, en fracaso. Y aún nadie la ha ofrecido un Pactolo redentor. Se trata de Isiah Thomas, técnico y presidente de operaciones de los Knicks, y uno de los profesionales más erráticos –aunque nunca le falte el empleo– de la historia del baloncesto reciente.
En su etapa como jugador, Thomas fue brillante. Una inmaculada carrera de dos años en la NCAA en la universidad de Indiana, dirigida por el marcial 'coach' Bobby Knight, le propulsaron hasta el título universitario. Impactó en la NBA en muy breve tiempo, ganándose el apelativo de 'pocket Magic' (el Magic de bolsillo) y fue MVP del All Star por dos veces, en 1984 y en 1986. En la segunda mitad de su carrera, el juego coral implantado por Chuck Daly le llevó a liderar a los Pistons hacia dos títulos, en 1989 y 1990. Thomas, a la muy temprana edad de 32 años, decidió clausurar su trayectoria. Era 1994, y su adiós a las canchas parecía anunciar el inicio de otra carrera de éxitos en los despachos. Y entonces apareció Midas.
Primer fracaso
Zeke Thomas aceptó ese mismo verano el puesto de vicepresidente de operaciones de los recién fundados Toronto Raptors. Su misión consistía en crear una franquicia ganadora en el menor tiempo posible. Para ello eligió a los que debían ser los pilares de la franquicia: el menudo Damon Stoudamire y el enorme Marcus Camby. Al cabo de tres cursos, los Raptors habían conseguido lo imposible: una regresión desde su punto de partida. Si en su estreno, en el curso 95-96, lograron sólo 21 victorias, dos temporadas después obtuvieron sólo 16. Thomas abandonó el barco el verano del 98, después de conseguir que hasta la futura estrella Tracy McGrady mostrara la faceta más deprimente de su juego en su año 'rookie'.
Tras un breve lapso como comentarista de la NBA en la NBC, en el que se ganó fama de aburrido, Thomas lideró al grupo de compradores de la CBA, una liga de baloncesto menor que, hasta entonces, nutría a la NBA de jugadores de segunda fila. La competición, con 52 años de tradición, apenas sobrevivió dos años más en manos de Thomas. En 2000, Zeke declaró la Liga en quiebra, con pérdidas irrecuperables de dos millones de dólares. Paralelamente la NBA fundó su Liga de Desarrollo, la NBDL, que acogió a buena parte de los jugadores que se quedaron sin empleo en la CBA, que se vio obligada a refundarse en 2001.
Tras haber sido capaz de hundir a los Raptors y acabar con una competición cincuentenaria, parecía que el crédito de Thomas estaba agotado. O quizá no: en verano de 2000, los Pacers, subcampeones de la NBA ese curso, ofrecieron su banquillo a Isiah Thomas, toda vez que los problemas de salud de Larry Bird le obligaban a tomarse un tiempo de descanso. Isiah se mantuvo en Indiana, donde fue una estrella en la NCAA, apenas tres temporadas, las suficientes como para conseguir que los Pacers cayeran tres años consecutivos en primera ronda del 'play-off'. Entre sus desmanes se cuenta el confiar en Jalen Rose como base para, al poco, enviarlo a Chicago por el polémico Ron Artest y Brad Miller, a quien remitió a Sacramento a cambio del inocuo Scott Pollard, atenazado por el recuerdo de la CBA: el elevado salario de Miller amenazaba las cuentas de la franquicia. A su regreso a los despachos de los Pacers, en 2003, Larry Bird tomó una decisión fulminante y esperada: acabar con la era Thomas.
Un lustro en NY
Tras diez años de notables fracasos, el ex base de los Pistons parecía encaminado hacia un largo retiro. Pero recibió otra llamada inesperada: la de los New York Knicks. Una de las franquicias más emblemáticas de la competición acudía al rescate de un Thomas que, tal vez seducido por la lujosa Big Apple, no quiso reparar en gastos: al poco de su llegada, los Knicks se convirtieron en la franquicia más gastadora de la Liga, rozando los 200 millones de dólares en salarios. 39, 33 y 23 victorias entre 2004 y 2006 confirmaron que esa no era la política adecuada, y empujaron a Zeke a dirigir al equipo él mismo.
Con el ex base como responsable directo de la plantilla, los Knicks lograron un esperanzador registro de 33 victorias el pasado curso. Hoy, tras la llegada desde Portland de Zach Randolph, Nueva York alberga alguna esperanza de renacer... A pesar de Thomas, quien ya trabaja con la amenaza de despido por parte del propietario de los Knicks, harto de que Isiah convierta en decepción todo lo que toca. La leyenda de este Rey Midas a la inversa sigue buscando su Pactolo. Tal vez lo encuentre entre el Hudson y el East river, aunque pocos apuesten por ello.







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