La Copa de Iván (y día 4)
Iván Serres
El entrenador Pablo Laso gestionó a la perfección la dirección técnica del Real Madrid y tuvo sobre el parqué en Sergi Llull (23 puntos, 5 triples y 5 asistencias) al ariete que necesitaba, un Llull que estuvo ‘on fire’ y, además, en los momentos más ‘heat’ de la final contra el Barcelona Regal. Los ojeadores de la NBA ya le conocían de anteriores ocasiones como un secundario que podía ser de lujo en momentos puntuales, ahora ya lo pueden apuntar como un primer espada del baloncesto español, como un MVP de la Copa del Rey. Llull se apellida, como un ilustre de la literatura clásica en catalán, y por favor pronúncienlo con elle final, no con ele. Laso, por su parte, con este triunfo, devuelve la confianza depositada en él por la junta directiva.
El Palau Sant Jordi se presentaba como un infierno para el Real Madrid; atronadora pitada y clamor azulgrana al entrar los suyos en acción. Carlos Suárez y Llull anotaron primero para el equipo de la capital de un país al que no parece que quiera pertenecer más de la mitad de los presentes en el pabellón. Que el conjunto de Laso llevara la voz cantante desde el inicio fue lo mejor que le podía pasar, marcando un perfil propio que le sirviera de motivación en un escenario adverso en el que era blanco del desafecto. Llegados al primer tiempo muerto, el Madrid de Llull se mantenía arriba por su juego veloz que impedía rendir a la poderosa defensa barcelonista.El primer enceste de campo de Juan Carlos Navarro fue recibido con una inmensa alegría por el público. El internacional español no estaba rindiendo bien en la Copa pero con una buena final todo se podía olvidar. Además, el capital de simpatía y calidad que Navarro desprende es tal que tiene licencia para errar. (Barcelona 17, Real Madrid 22).
El segundo cuarto se inició con un ‘mate’ de Fran Vázquez, que fue respondido por un enceste bajo canasta de Suárez. El toma y daca en territorio comanche le beneficiaba a un Madrid anotador que, además, iba por delante. Cada minuto que pasaba en estas condiciones, era un tiempo en el que el posible miedo escénico se iba desvaneciendo. Con un ‘mate’ de Mirza Begic, el Madrid llegó a los nueve puntos de diferencia, tiempo muerto de Xavi Pascual y el versátil Erazem Lorbek, aspirante a MVP, estaba sin puntos y con dos faltas personales mediado el cuarto.
Y el Madrid llegó a ponerse 11 arriba mientras que los locales, dejándose algún puntito en el tiro libre, luchaban por reducir la diferencia al descanso, una situación que para bien o para mal podía romper el ritmo de juego. El ‘buzzer beater’ de Llull fue todo un golpe de efecto para irse a los vestuarios llenos de tensión positiva unos, y lamento, otros. (Barcelona 33, Real Madrid 42).
Acoso azulgrana
Un triple de un resucitado Lorbek estremeció el pabellón al reducir la diferencia a tres, pero Nikola Mirotic fue valiente al replicar con otro que restableció la diferencia de seis. El partido destacaba por su bravura. Y otro triple de Lorbek sirvió para reducir a uno la ventaja del Madrid, que pidió tiempo muerto. El público empezó a pedir el MVP para Lorbek, a falta de 14 minutos para saber si la petición era acertada (por victoria azulgrana) o no lo era.
Y, en la reanudación Jaycee Carroll, se sacó de la manga una penetración saldada con un dos más uno, seguida de un triple tras perder la posesión los catalanes, que pidieron tiempo muerto. Carroll marcó así un antes y un después. Los siete puntos de ventaja retroalimentaban la capacidad de victoria madridista y aumentaban la presión de un rival que jugaba en casa, en una final que batió el récord de espectadores in situ al congregar a 15.128 aficionados en el Sant Jordi.
Conforme pasaba el tiempo, dos jugadores se afianzaban en su lucha por ser el mejor, Lorbek (teniendo en cuenta los partidos precedentes) y Llull, quien cerró el período con un triplazo rompebocinas en el último segundo. Mi apuesta por el MVP en caso de victoria madridista terminó de estar clara, sería la del menorquín volador. El grito casi tribal de “Llull, Llull, Llull…” era contagioso. (Barcelona 56, Real Madrid 65).
Los últimos 10 minutos no pudieron empezar mejor para el Real Madrid (0-8), que rozaba el título 19 años después de ganarlo por última vez, en La Coruña, en la Galicia natal de su entonces carismático capitán, Fernando Romay. El tapón que Carroll le puso a Navarro (16 puntos) me llegó al alma, pues me sentí yo el taponado. Estando el Madrid con una ventaja de 16, la final estaba ya del todo decidida… mate de Begic y nueva máxima en el marcador electrónico (+18 primero y +20 después)… ¡Increíble! Las voces de la afición merengue empezaron a poder oírse con algo más de claridad que al principio.
Cuando Llull se retiró al banquillo, a dos minutos para el final, recibió aplausos hasta de los aficionados rivales (incluyendo culés), lo que fue una muestra de deportividad. Una lástima fue ver numerosos asientos vacíos a la hora de premiar a ambos equipos, los dos transatlánticos de nuestra Liga.Creo que estar presente cuando se le pone la guinda al pastel compensa con creces los atascos en Montjuïc y otras inconveniencias (aunque quizás no las de los que se sintieran profundamente decepcionados por el desenlace inesperado… por lo abultado de la derrota). (Barcelona 74, Real Madrid 91).
Zona lúdica
Horas antes de la final, por la mañana, recorrí con dos periodistas murcianos la zona lúdica baloncestística que con motivo de la Copa del Rey se había instalado en el paseo de Lluís Companys, entre el Arco del Triunfo y el parque de la Ciudadela. El día fue gris y hasta chispeó, pero aún así había cierta actividad. De entre las atracciones habituales en este tipo de ferias destaco una actividad organizada por la Federación Catalana de Baloncesto; en concreto, la de practicarlo empleando una silla de ruedas. Éste es un ejercicio divertido y sobre todo cívico, aunque conscientemente no reparemos en ello, porque no sólo podemos sentirnos en parte como un jugador del mítico Fundosa, sino porque también realizamos un ejercicio de superación física y somos más conscientes de las barreras que conciudadanos nuestros tienen que superar a diario.
Los compañeros Felipe Meseguer (que horas antes de la final me anticipaba el titular de ‘Les pilotes de Llull’) y Antonio García, ambos del área de Prensa del UCAM Murcia, vinieron a Barcelona para seguir la Copa. Fue su primera experiencia en este torneo y arden en deseos de que el equipo pimentonero se clasifique el año que viene, lo que sería bueno para el UCAM, aunque sólo sea porque ello implicaría que se mantiene en la ACB, hecho que por el momento está difícil. El Lucentum, el Fuenlabrada y el Lagun Aro han cumplido este año el sueño copero, son un ejemplo que seguir, y yo les he comentado la idea de que, si bien conseguir la organización en Murcia parece complicado en los próximos años por la crisis y también por haberla tenido ya en 1996 (¡qué grande el TDK Manresa de Chichi Creus!), siempre nos quedará la Supercopa, cuya próxima edición tendrá lugar en mi ciudad natal, Zaragoza. Pero eso ya es cosa del Ayuntamiento y de la influencia de los ‘popes’ del club. Felipe y Antonio, encantados con la estancia catalana, regresan a casa además con el buen sabor de boca que deja un arroz a la marinera en Can Ros.
La coincidencia ha querido que Barcelona acogiera estos días otra Copa del Rey, de la que sólo los acérrimos de la natación habrán tenido constancia. El C. N. Sabadell ganó por la mañana en Sant Andreu su enésimo título copero de waterpolo en un ambiente vaporoso, con menos público pero igual de caldeado.





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