La NBA entra en pérdidas
Alejandro Delmás
Crisis galopantes en Portland, Seattle y Nueva York, y pérdidas más o menos sostenidas en New Jersey y Memphis, arrojan el veredicto inicial de que el modelo económico de la NBA está en crisis. Hay que matizar: no es "todo" el modelo, pero los pequeños mercados, los que carecen de verdaderos "superstars", y sobre todo, los que no ganan, lo van a ir pasando cada vez peor.
La elefantiasis de ingresos televisivos de la NBA ha llevado a unas sumas obscenas en los contratos de los jugadores, al mismo tiempo que a una radicalización del mercado: tanto ganas o tanto vendes, tanto vales. O estás jugando en los "playoffs" finales, ya casi en el verano, o tienes figurones que vendan camisetas, o tienes mucho "glamour" (Lakers, por ejemplo), o, si no es así, el grifo se te irá cerrando: por la sencilla razón de que no se pueden asumir unos gastos en nóminas entre 70 y 100 millones de dólares, cuando se ingresan 50 o menos. Y como todo el mundo quiere su parte en el pastel, pues así van las cosas.
Este febrero los traspasos finales de los equipos han ido encaminados a reducir masas salariales, desdeñando los intereses deportivos en la mayoría de los casos. La propiedad de Portland, con el billonario Paul Allen al frente, descarta que pueda asumir las inminentes pérdidas de 100 millones de dólares en las tres próximas temporadas. "El modelo está en quiebra", han dicho los representantes de Allen al Gobernador de Oregón y al alcalde de Portland. El Rose Garden apenas se llena con la mitad del aforo. El Comisionado Stern ha amenazado a los representantes de la Administración en Seattle con la posibilidad de que los Sonics abandonen la ciudad, si no se les construye un campo nuevo o si, como mínimo, no se renueva el Key Arena de inmediato y sin cargas para la franquicia.
Además, las audiencias no han cesado de bajar desde la funesta retirada de Jordan en 1998, con sólo el paréntesis de los grandes años de Shaquille y Kobe en los Lakers: "glamour" sobre "glamour", más pasión y culebrones. No es de extrañar que Stern sentenciara hace un par de años que su final preferida era "los Lakers contra los Lakers". Pero, como eso no puede ser, y además es imposible, a ver qué se le ocurre ahora.

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