La conquista de Francia
Valdemaras Homicius
Cuando pasas cerca de 30 años dedicados al baloncesto vives un buen número de anécdotas. El problema es cuando decides poner orden en la memoria para comenzar a seleccionar algunas de ellas, pero como éste no será el último artículo que escriba para basketconfidencial, no me importa tanto el orden. Como ha sido mi compadre Mariano Pozo el que me ha pedido este artículo, he recordado una de la que él mismo fue testigo.
Me encontraba con la selección de Lituania disputando el Trofeo de la Paz y la Amistad en la para mí muy querida y entrañable ciudad de Atenas, torneo preparatorio para los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquella noche habíamos jugado uno de los partidos frente a la selección de Francia, a la que derrotamos de forma abultada. Una vez concluido el encuentro, cada expedición se montó en su respectivo autocar rumbo al hotel de concentración.
Recuerdo que todos nos encontrábamos hospedados en el mismo lugar. Como suele ser habitual, el tráfico nocturno -bueno, y el diurno también- era terrorífico en el centro de la capital griega, por lo que el autobús apenas si avanzaba. Poco a poco vimos cómo el autocar que transportaba a los franceses se iba acercando hasta tal punto que ambos estaban en línea uno con otro y a tan poca distancia que podías meter la mano en la ventanilla del autobús contrario apenas con sacarla por la ventana. Creo que fue 'Sabas' (Sabonis) quien comenzó a increpar a los franceses en tono de broma, haciéndoles gestos con el pulgar hacia abajo en señal de derrota. Los franceses, tan aburridos como nosotros en el interior del autobús, aceptaron el reto de la broma y comenzaron a enseñarnos sus traseros y a retarnos a ver qué autocar llegaría antes al hotel, para lo que ambas selecciones iniciaron la presión a los respectivos chóferes. Lo que comenzó como una broma de 'Sabas' se había convertido en una divertida batalla con la que pasar el tiempo. Nos tiramos de todo por las ventanillas, intercambiábamos las bolsas de la ropa, los calcetines, todo, todo…
Mientras, los autocares apenas si se movían, lo que aprovechó 'Sabas' para abrir la claraboya del vehículo y sacar la parte superior de su tronco (tendríais que haberle visto) ondeando una camiseta de Lituania a modo de bandera en señal de lo que pensábamos había sido una nueva derrota sobre los franceses. Ellos no querían ser menos e inmediatamente nos imitaron, a lo que yo mismo reaccioné. Le pedí a 'Sabas' que me dejara salir por la claraboya y, camiseta en mano y con los dos autocares ya en movimiento, salté al autobús francés en lo que significaba la conquista absoluta de Francia en nuestra particular y divertida batalla. Lo que me encontré al entrar por la claraboya fue a una selección desternillada de la risa sin dar crédito a lo que acababan de ver mientras yo, camiseta en mano, gritaba orgulloso “¡Lietuva, Lietuva!” (¡Lituania, Lituania!).
Aunque creáis que la cosa acabó ahí, no fue así. De pronto, uno de los franceses avista a lo lejos el hotel e insta al chófer a abrir la puerta del autocar en medio del infernal tráfico para llegar corriendo antes que nosotros. Nada más salir el primer jugador francés, los lituanos hicimos lo mismo. De verdad, la risa no me dejaba ni correr, pero es que a ellos les sucedía lo mismo. Al final todos acabamos abrazándonos y llorando a carcajadas en la puerta del hotel en lo que ha sido el desplazamiento más divertido de una cancha al hotel de los que recuerdo.





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