La feroz competencia (y II)
Ramón Trecet
Paul Tagliabue, comisionado de la NFL (fútbol americano), a punto de retirarse tras haber colocado a su deporte en una situación televisiva privilegiada en Estados Unidos (sus últimos contratos ascienden a más de 2.000 millones €), ha concedido una serie de entrevistas como colofón a su carrera y en una de ellas ha dicho:
“La imagen de los deportes profesionales cambiará probablemente tanto en diez años como en los cincuenta anteriores y mucho de ese cambio estará impulsado por los medios digitales de comunicación, la globalización de las comunicaciones, la internacionalización de los deportes y los cambios demográficos (inmigración, etc.). Va a ser un tiempo excitante. Cómo me gustaría tener cuarenta años en vez de los sesenta y cinco actuales”.
Con esa nueva mentalidad, teniendo en cuenta todos los factores esenciales y su evolución, es como se pueden trazar planes de futuro. No oigo la misma línea de conceptos en las declaraciones de nuestros dirigentes baloncestísticos, peleados entre ellos. Pero, lo que es más grave, peleados por motivos equivocados y luego volveré a eso. El discurso actual de los dirigentes (Federación, ACB, Euroliga) es de agravio comparativo garbancero, victimismo trasnochado y falso y, sobre todo, DE UNA PASIVIDAD DEFENSIVA INAGUANTABLE. Comparad lo que escuchamos a Pepe, Eduard y Bertomeu con la reflexión de un señor, Tagliabue, que se retira en la cúspide de sus potencias mentales, sabiendo lo que viene y porqué, aunque físicamente se sienta agotado. “Cómo me gustaría tener cuarenta años”, dice Tagliabue. ¿Tienen nuestros dirigentes 40 años? Yo creo que no los han tenido nunca.
He escrito que están peleados por motivos equivocados y voy al más importante... y equivocado: “LA SELECCIÓN, LOCOMOTORA DEL TREN DEL BALONCESTO” y luego aquello de: “Si la selección está bien, la siguiente temporada suele ser muy buena...”.
MENTIRA.
En el actual panorama deportivo, en el día a día, la selección de baloncesto está en candelero quince días como mucho, y luego todo el mundo pasa a lo siguiente. Pasa igual en fútbol y hasta con los Juegos Olímpicos. Pensar que estamos en 1984 y que como entonces una medalla de plata va a resolver todos los problemas es no tener en la cabeza la evolución cambiante y cada vez más rápida a la que se refería Tagliabue. Una medalla en el Mundial de Japón servirá para quince días. Luego el torrente de acontecimientos en otros deportes relegará la medalla. Y eso pasa en motos, automovilismo, tenis, balonmano, fútbol... Esos son los datos 2006. Si los dirigentes del baloncesto quieren seguir en 1984, Portela y Bertomeu, con Pepe Sáez en la Guía CAMPSA de restaurantes, tienen derecho, pero no están en la realidad.






Escriba su comentario acerca de esta noticia: