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Domingo 05 de febrero de 2012

La socialización del esperpento

Deje su comentario  Ver comentarios 31-01-2004 04:08:50
Jorge Albericio Fenollosa

El nivel de la NBA en cuanto a juego sabemos que no es el de antaño; si no, que se lo pregunten a Vicente Salaner, a Ramón Trecet, a Pinotti o a Delmás. Por ejemplo, la NBA de hoy en día es un circo que entra por los ojos, con el colorido de las camisetas, los estrafalarios peinados de los jugadores y esos tatuajes literalmente indescifrables. Ya sabíamos que la Liga norteamericana es un producto muy bien vendido, pero cada vez le falta más sustancia. Una vez impuesta la moda “retro” en la vestimenta, se debería recuperar también algo de la fantasía del basket de los setenta, de la ABA, de los idealizados años ochenta. Hay partidos que desencantan al aficionado más acérrimo, espectáculos insufribles que liquidan las ganas de ver baloncesto hasta la próxima glaciación.

Que con este panorama en la mejor competición del mundo un jugador como Pau Gasol juegue treinta minutos por noche cuando el resto de su equipo es un conglomerado de medianías que tendrían difícil ser estrellas en la ACB, es un delito. Un crimen. A Hubbie Brown no se le puede encerrar en la cárcel por el riesgo de que le dé un achaque definitivo. Además, enseñó demasiadas cosas en sus clinics por España como para odiarlo siquiera un poquito. Así que lo único que paliará la fechoría de los ridículos minutos de que disfruta Gasol, será que los entrenadores "yankees" le premien con la elección como suplente para el All Star de Los Ángeles.

Las estrellas de la NBA del siglo XXI son los jugadores internacionales: Stojakovic, Novitzki, Kirilenko... Tipos que destacan hasta triunfar superando todos los prejuicios que todavía tienen los estadounidenses. Ahí sigue Milicic, soldado al banquillo como ejemplo irrefutable. Ellos pueden lograr que la NBA vuelva a ser un escaparate donde brille el juego del baloncesto. Hasta que llegue el jugador definitivo, un negro criado en el "playground" con la técnica y el deseo balcánico, la reencarnación de "Air" Jordan, y se convierta en el catalizador del juego por fundamentos que cautive a las próximas generaciones.

¿Por qué no se organiza una Liga europea de gran nivel que nos haga olvidar las frivolidades de la NBA?

Mientras tanto, Gasol será víctima de la socialización de minutos en un equipo gris y nosotros seguiremos embobados con los resúmenes estéticamente impecables de los "mates" de Carter, las genialidades de "T-Mac" o los juicios de Kobe.

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