La valoración estadística
José M. Domínguez
Esa misma campaña, en la final de la Copa del Rey 2009, el conjunto malagueño experimentó, aunque de una manera más amarga, otra situación aparentemente paradójica: pese a caer derrotado por 2 puntos, superó en valoración (107-95) al campeón, el Tau de Vitoria. La valoración no es, en definitiva, un indicador que pueda pronosticar infaliblemente el resultado final. Ya en la fase regular de la temporada 2007-08 de la Liga de la Asociación de Clubes de Baloncesto (ACB), el conjunto andaluz había perdido tres partidos en los que obtuvo mayor valoración que el rival, y ganó uno teniendo la misma.
Ante este panorama, cabría plantearse si tiene sentido utilizar la mencionada valoración estadística y, en cualquier caso, clarificar su significación, a fin de evitar posibles equívocos. La cuestión tiene un interés que excede del ámbito puramente deportivo, ya que concierne a aspectos metodológicos relevantes en el estudio de la eficiencia y la eficacia de los procesos productivos. El propósito de este artículo no va más allá, sin embargo, de realizar algunas simples consideraciones y reflexiones, meramente exploratorias, al respecto.
El concepto de valoración utilizado en la Liga ACB se calcula como la diferencia entre lo que se entiende que son aspectos positivos del juego claramente cuantificables (puntos conseguidos, asistencias, rebotes capturados, tapones a favor, recuperaciones de balón y faltas recibidas) y los negativos (tapones recibidos, pérdidas de balón, faltas cometidas y tiros fallados). La definición es similar al sistema utilizado por la NBA, si bien en éste no se computan las faltas.
De entrada, habría que señalar que en el concepto se mezclan los puntos conseguidos (única variable relevante en última instancia) con otros aspectos del juego que condicionan el resultado, pero sin tener una incidencia automática en éste, salvo en el caso de las asistencias, que, por definición, implican una duplicidad de cómputo agregado, quizás carente de justificación. Por otro lado, es evidente que existe la posibilidad de alcanzar la misma puntuación con distintas valoraciones. De hecho, en numerosos partidos, algunos equipos obtienen una valoración negativa, una vez que se excluyen los puntos anotados.
Teniendo en cuenta que los aspectos recogidos en la valoración (al margen de los puntos anotados) reflejan una actividad positiva, alcanzar un resultado igual o peor con una mayor valoración es un indicio de que ha habido una peor gestión de ese trabajo realizado. De igual manera, alcanzar un resultado igual o mejor con una menor valoración lo es de que, pese al peor trabajo realizado, se ha gestionado mejor la situación. Se mezclan, por tanto, cuestiones de eficiencia (relación entre los recursos utilizados y la producción obtenida) y de eficacia (relación entre la producción obtenida y el objetivo previsto).
En el plano individual, la valoración, en los referidos términos, sí tiene más razón de ser, ya que refleja la aportación neta de un jugador al equipo. No obstante, existen algunas cuestiones metodológicas un tanto espinosas no recogidas en la fórmula empleada, restringida por la simplicidad: las acciones (positivas y negativas) no están tasadas en razón del momento del partido en el que se producen ni de la diferencia existente en el marcador, por lo que, en puridad, sería necesario aplicar algún sistema de ponderación en función de ambas circunstancias; la consideración de un pase como asistencia se abstrae de la eficacia del tirador y de las mayores o menores dificultades del lanzamiento; los rebotes se computan por igual con independencia de las condiciones existentes para su captura; las faltas personales se computan indistintamente, ya sean involuntarias o tácticas; las acciones, en fin, se consideran independientes de la resistencia opuesta por el equipo rival y, por supuesto, no se tienen en cuenta los denominados intangibles (al igual que ocurre con los servicios en general, hay actuaciones creativas y otras, preventivas o disuasorias, cuya aportación efectiva es difícil de determinar).
El análisis de la relación estadística existente entre la valoración y los puntos anotados por jugador muestra un altísimo grado de correlación positiva, superior al 90%, lo que no es de extrañar dado el enorme peso de aquéllos dentro de la valoración total. Para el conjunto de la temporada 2007/08 de la Liga ACB, la ecuación estimada indica que, en términos de promedio, la valoración de un jugador equivale aproximadamente a los puntos obtenidos más un 10%.
Sin embargo, la correlación entre la anotación y el resto de la valoración individual es casi nula. En el gráfico adjunto puede comprobarse el elevado número de casos donde dicho resto presenta signo negativo, así como el colectivo, que no llega a la treintena, con más de 10 puntos de anotación, de media por jornada, y con signo positivo en el referido resto. No es difícil adivinar la identidad de los dos jugadores que ocupan las dos posiciones más destacadas en la frontera del rendimiento: desafortunadamente, ninguno de los dos juega ya en España.


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