Las circunstancias
Enrique Gómez González
Este año sí hubiera visto por la tele el Torneo de Navidad. De hecho, mientras escribo esto, estaría viendo la final, si es que aún se jugara… Una operación, hace tres días, por rotura de ligamentos de la rodilla tiene la culpa de que me haya quedado en casa, sentado en el sillón. Hubiese visto lo que me hubieran echado. De hecho, ayer, día de Nochebuena, en antiguo horario de semifinales del Torneo, vi que Teledeporte emitía un programa británico en el que un futbolero de la Premier estaba haciendo un rissoto. No me interesó ni la receta; abandoné la tele y decidí seguir leyendo mi libro, pese a que el jolgorio de mi casa hacía difícil la concentración.
Claro, para gente como yo, consumidor circunstancial de televisión (aunque gran aficionado al baloncesto de verdad), no compensa hacer un torneo como el de Navidad, que a última hora a casi nadie ya interesaba, incluidos rivales y televisiones. Y es que, de hecho, casi todos los partidos amistosos de baloncesto actuales han perdido mucha de la gracia que tenían. Si hace veinticinco años hubieran venido los Utah Jazz, se hubiese llenado hasta el Bernabéu y, por supuesto, los aficionados no se hubieran ido antes de que acabara el partido… Sólo si disfrazamos a estos partidos de Supercopa, consiguen despertar algún pequeño interés. No mucho, la verdad.
El exceso de partidos durante la temporada y su carácter, si no amistoso, sí intrascendente de muchos de ellos durante la competición oficial, hacen que los partidos amistosos no tengan interés alguno para el aficionado.
Pero bueno, este año, por lo menos, Basketconfidencial me ha permitido pasar la tarde de Navidad con la mente puesta en baloncesto, escribiendo.





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