Las manos a la cabeza
Gustavo L. Sirvent
Hastiados hasta la saciedad de la palabra crisis, que aparece hasta en la sopa, no queda más remedio que seguir mentando a la bicha. Muchos son los casos que pueblan el baloncesto patrio que agonizan por su mermada economía y no saben si podrán llegar, no a final de mes, sino a final de Liga. Ese es el caso del Palacio de Congresos.
El equipo de Ibiza se ha visto arrasado por el tsunami financiero y se desangra irremisiblemente porque esperaba unas ayudas institucionales que no llegan y, para más inri, las que deben llegar se han reducido a la máxima expresión. A partir de ahí es donde viene la diatriba. Vale que la mayoría de clubes de Liga Femenina (ya no digo ACB) subsiste gracias, en gran medida, a la ayuda del ejecutivo autonómico, provincial o local de turno, pero ¿hasta qué punto el dinero público es bien invertido por esas directivas? ¿Puede una entidad deportiva, no ya baloncestística, esperar a que los gobiernos de turno le financien su proyecto al 70 u 80 por ciento? Evidentemente, no.
La imaginación en tiempos de crisis es un bien muy preciado que parece que en algunos casos, como en el del equipo ibicenco, parece que se ha ahogado en el Mediterráneo. Vale que tocaran a mil puertas de empresas, pero si estas no se abren hay que buscar vías alternativas, porque si no se acaba la aventura.
No es un reproche hacia nadie, porque supongo que bastante tienen los directivos con intentar subsistir a diario, pero es lo que tiene vivir al día, que cuando llegan mal dadas y no hay ahorros te echas las manos a la cabeza. Ahora solo hay quejas, lloros y lamentos, pero nadie da soluciones, que es lo que hace falta.
Mientras tanto, las jugadoras buscan acomodo en otros equipos, como es lógico, y aquí, de momento sólo hay seis profesionales. ¿Les suena de algo esto? Pregunten en Olesa qué pasó la temporada pasada. Huelga decir que el aspecto deportivo, desgraciadamente, queda en un segundo plano porque está claro el destino.
El encefalograma del PDV, como el de otros equipos femeninos en España, se acerca a la línea plana que abre la puerta al abismo y la bicha te recibe con los brazos abiertos. Que alguien la cierre, por favor.





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