Los números no tienen alma
Carlos Bermejo
Los números no tienen alma y para jugar a este deporte y a cualquier otro hay que tener ese “algo más”, sentimiento, alma, corazón, oportunidad, listeza, combatividad, agresividad y, sobre todo, hay que saber.
Y nosotros (bueno, todos no) queremos meter al baloncesto en una hoja de papel con números. Es la última moda. Ahora haremos los equipos con unos cuantos vídeos –perdón, quise decir DVD’s– y con unos numeritos que nos indicarán que tal jugador ha metido no-sé-cuántas canastas por partido, además de coger no-sé-qué-infinidad-de-rebotes y todo eso que no voy a cansarme en relatar porque conocéis perfectamente.
Es fácil. Es cuestión de que te llamen unos cuantos representantes, lo más unidos posible en una profunda y sincera amistad de años, te propongan unos cuantos jugadores increíblemente buenos, que tú lo veas bien y que la operación se pueda vestir con unos números maravillosos.
¡Qué equipazo hemos hecho! Nombres por un lado y números por el otro. Es la nueva arma de convicción masiva de los que quieren ‘colocar’ y de justificación aplastante para los que les va bien ‘que les coloquen’, aunque todavía hay quien actúa de buena fe y se cree el cuento chino.
Aquí tengo que hacer referencia obligada al artículo 'Mucho más que agentes' de este chico que promete tanto que se llama Ramón Trecet. Sólo él es capaz de resumir en pocas líneas una de las mayores plagas de nuestro deporte.
“Pero bueno, los números no engañan, son fríos y objetivos...”, estaréis pensando.
Empiezas en “quién” toma la estadística, que no siempre tiene conocimientos para objetivar. Yo he visto cómo determinado pívot dejaba de recibir pases perfectamente colocados por sus exteriores porque cada vez “se echaba para atrás” y permitía que su defensor le ganara el corte. Conté cinco escandalosas veces en un solo cuarto. Miré la estadística: Balón perdido al base o al alero. Punto menos en la valoración. Ningún punto menos al pusilánime gigantón. “Uy, qué buena valoración ha hecho nuestro flamante fichaje”. Vale, tío.
Para no extenderme, preguntemos si todos los números valen lo mismo. Recuerdo a un gran jugador que lanzó dos tiros libres con el crono a falta de un segundo, con el marcador un punto en contra. Falló los dos. Se perdió el partido. Tiene un gran porcentaje desde el tiro libre, pero ¿cuánto valen aquellos tiros que falló y que costaron la posibilidad de entrar en ‘play-off’? Lo mismo que los que lanzó en el partido siguiente que ganábamos por veinte. Por cierto, que estos los metió sin dudar.
Esta temporada un equipo corta a un jugador que no hace “buenos números”. Lo ficha un equipo en mala posición en la tabla... Juega un ‘play-off’ de semifinales con este equipo y su club anterior no ha llegado a nada. Sigue sin hacer grandes números pero... ¡Sabe! Ha jugado 33 minutos de media en ‘play-off’ de cuartos y eliminan al campeón de la liga regular. ¿Alguien puede pensar que estos números regulares son importantes, o tal vez es que tiene “otras cosas”? Pongamos que cuando todos lo ven negro se saca una canasta de la manga, que cuando todos corren él pone serenidad, que no pierde balones, que distribuye juego dando la espalda al aro, que levanta al público cuando está mustio, que es buena persona dentro y fuera... ¡Ah! Y casualidades: Cuando es él quien captura el rebote defensivo el contraataque sale zumbando. ¿Por qué será? Pues porque saca el primer pase muy rápido y preciso, no como otros que se quedan el balón un ratito para que todos admiremos la hazaña... Estos son los intangibles que hacen que nos situemos en el lado de los que hacen un buen baloncesto. ¿Cómo ponemos esto en los números?
Y, finalmente, para no cansar, que tendría para escribir un libro entero de incongruencias entre la estadística y la realidad, el colmo de los colmos es cuando los números vienen de fuera, de otras ligas. ¿Cómo los homologamos? Bueno, es que la segunda liga de Albania es fortísima, mira, juega John McPérez, que fue promesa en la NBA y ahora es el no va más, por no hablar de la liga de la confederación Noroeste-este-sur de Estados Unidos, que, como sabes, es la que va inmediatamente detrás de la NBA. Hay un montón de jugadores que han estado allí. De ahí son las estadísticas del chico que te quiero vender... ¡Ni lo dudes!
Como siempre todos pensaréis que soy destructivo y malvado. Y muchos, si es que han llegado a este punto de este burdo panfleto, estarán acordándose de mis antepasados al verse reflejados en parte o en todo lo que hay escrito en él.
Pero no sólo soy destructivo, doy soluciones, que son sencillas, conocidas y practicadas por la mucha gente seria y profesional que hay en nuestro deporte y en este país, que siempre ha actuado de la misma forma: Con mucho trabajo, con mucho conocimiento de baloncesto, con seriedad, siendo muy analíticos, siendo críticos y autocríticos, con transparencia en sus actos. Y con honestidad. Pero, claro, para esto hay que saber, hay que conocer, hay que trabajar, hay que pensar y hay que ser honesto. Y esto, a veces, es demasiado pedir.

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