Los tres tiros libres de Prada... y algo más (II)
Juan Carlos Garnica
En la edición 1978-1979, la competición se presentaba llena de alicientes, entre ellos, desde la perspectiva del baloncesto español, el más importante venía determinado por la presencia de dos equipos ibéricos: el sempiterno Real Madrid, que defendía título continental, y el Joventut de Badalona, que se había proclamado campeón de la Liga Nacional.
Junto a ellos, dos clásicos, el Emerson Varese, la gran escuadra dominadora de la década, que empezaba a dar signos de decadencia y el Maccabi de Tel Aviv, que tras su sorpresiva victoria ante la Mobil Girgi en la edición 1976-77, comenzaba a querer algo más que participar; una incógnita, el Bosna de Sarajevo, con un joven Boscia Tanjevic en el banco y Mirza Delibasic en la cancha; y para rematar el cuadro, una cenicienta helena, el Olympiakos de El Pireo, del por entonces pedestre basket griego., que en teoría ocupaba el lugar reservado al TSKA, ya que ese año, al igual que el anterior, los equipos soviéticos no participaron en competiciones europeas.
La competición había quedado marcada por la intensa rivalidad entre el Maccabi y el Emerson, fomentada por los rescoldos de duelos anteriores, señaladamente la final de Belgrado de Copa de Europa en 1977, donde los israelíes lograrían su primer título en una final intensísima en la que se impusieron por un solo punto.
Nada contribuyó a rescatar la paz entre ambas escuadras el que el primer partido de la liguilla disputado en Yad Eliahu lo ganaran los locales gracias a una canasta hurtada a Dino Meneghin durante el partido, concretamente en el minuto 29, que al final hasta la mesa reconoció que se les había pasado computar, aunque ello no cambiara el resultado final: victoria macabea por 72-71.
Estaba caldeado el ambiente en Masnago cuando Maccabi rendía visita a los varesinos el 7 de marzo, y ese rencor acumulado vino a regurgitarse de la peor manera posible: los aficionados de la Curva Nord del pabellón desplegaron, ante los atónitos ojos de la gente de bien, una pancarta con una gigantesca esvástica en la que rezaba: “Mathausen, la reggia degli Ebre!”
Ni que decir tiene que el parlamento israelí y la prensa internacional se hiceron eco de la salvajada y las críticas fueron unánimes, incluso en los medios italianos, especialmente mediante un durísimo artículo de Enzo Biagi en el 'Corriere della Sera' de 22 de marzo de 1979.
El segundo punto de interés, este en clave positiva, de la liguilla fue la emergencia de un equipo joven, descarado y que practicaba un básquet refrescante, fiel a la escuela yugoslava.
Se trataba del Bosna de Sarajevo, que con Mirza Delibasic dirigiendo, con su habitual fantasía, las operaciones, ayudado por el veterano alero internacional Zarko Varajic (28 años) y el también internacional Ratko Radovanovic en la pintura, se hizo fuerte en su cancha, ganando los cinco partidos, a lo que sumó dos victorias a domicilio, en El Pireo y Badalona.
Los dos primeros partidos en casa ante los equipos españoles fueron clave para los 'plavi', fundamentalmente la victoria ante el Madrid en el partido inaugural, en un partidazo que acabó 114-110 tras prórroga. Los otros tres partidos como locales se saldaron con palizas, destacando los 41 puntos de Varajic –en apenas 26 minutos en cancha– en la victoria ante Maccabi, que presagiaban lo que sucedería en la gran final.
A falta de dos jornadas para terminar la liguilla, llegaron cuatro equipos con posibilidades de alcanzar los dos primeros puestos que daban derecho a disputar la finalísima en Grenoble el 5 de abril: Real Madrid y Emerson encabezaban la clasificación, con seis victorias, seguidos de Bosna y Maccabi con cinco.
Fuera habían quedado el débil Olympiakos y una Penya que tras un inicio prometedor después de ganar al Emerson en Badalona, con exhibición de Moka Slavnic, así como al Olympiakos, en El Pireo, y de tener contra las cuerdas al Bosna en Sarajevo, perdió una gran oportunidad de estar en la final al encadenar tres derrotas consecutivas, dos en casa ante Maccabi (77-83) y Bosna (94-98) y una fuera en la cancha de Varese (85-78) después de llegar a los dos minutos finales con el marcador igualado y posibilidades de adelantarse en marcador, que fallaron tanto Ernesto Delgado como Jose María Margall.
La penúltima jornada contribuyó a asegurar el suspense, el Emerson debía visitar la cancha del Bosna, en un duelo que era importantísimo, ya que en caso de triunfo del conjunto italiano en Yugoslavia, ya habría finalistas a falta de la última jornada: Real Madrid y Emerson.
En caso contrario y si además perdían los blancos en Israel, el partido Madrid-Emerson de la jornada final podría ser decisivo, que fue lo que al final acabó ocurriendo, pues madrileños e italianos recibieron sendos correctivos en Tel Aviv y Sarajevo, destacando en este último partido los 38 puntos de Mirza Delibasic.
De esta manera, todo quedaba para decidir en la última jornada, donde mientras que el Emerson, aún perdiendo, podría jugar la final en el caso de que el Olympiakos ganase al Bosna, los blancos sólo tenían la opción del triunfo para estar en Grenoble.
→ Continúa...





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