Los tres tiros libres de Prada... y algo más (III)
Juan Carlos Garnica
El día anterior al gran duelo en Madrid, por esas extrañas cosas del basket FIBA, se jugó el partido en El Pireo, cumpliendo el Bosna con una ajustada victoria por 83-88 que le daba automáticamente a los yugoslavos una plaza de finalista, con lo que la tensión, si cabe, era aún mayor, y el partido a cara de perro por el otro puesto, a disputar en el Pabellón, batía el récord de expectación, hasta el punto de que aunque el club merengue subió discretamente el precio de las entradas -numeradas, a seiscientas pesetas, y sin numerar, a cuatrocientas-, eso no impidió que se agotaran nada más ponerse a la venta.
El encuentro contaba con dos ausencias destacadísimas, Dino Meneghin en el bando italiano, lesionado para dos meses en una mano, que se golpeó con el tablero al tratar de taponar un tiro de Jose María Margall en el Emerson-Joventut de la liguilla final, y Juan Antonio Corbalán en los locales.
Incluso la presencia en el gran duelo final del gran Charlie 'Sax' Yelverton estuvo preñada de suspense, pues el alero de color llegó a Madrid, in extremis, directamente de Estados Unidos adonde se había trasladado con urgencia tras recibir la noticia del fallecimiento de su padre.
Antes de empezar el partido la Federación Española, queriendo contribuir a la fiesta, hizo entrega del trofeo de campeón de la Liga recién ganada al capitán madridista.
Todo presagiaba otra jornada de gloria merengue, cuando al descanso los locales mandaban con autoridad (45-36), y en el minuto 24 obtenían su máxima diferencia (49-38), pero a partir de ese momento la Emerson, con una fabulosa defensa, desmadejó al Madrid.
El entrenador visitante, Edoardo Rusconi, ante la ausencia de Meneghin y contando con un banquillo poco fiable, tomó una decisión que acabó revelándose crucial: abandonar la defensa individual, sustituyéndola por una zona 2-3 magistralmente ejecutada, que logró contener la hemorragia, dejando al Madrid en los primeros diez minutos de esa segunda parte en solamente doce puntos.
En ataque, los varesinos se aferraron a su gran estrella, el alero alto americano Bob Morse, leyenda del basket europeo, que empezó a anotar y a cargar de faltas a sus marcadores, primero Rafa Rullán y más tarde Randy Meister, lo que obligó a Lolo Sainz a sacar a cancha a Luis Mari Prada.
Poco a poco el Madrid se fue desintegrando, con J. M. López Iturriaga actuando de base en lugar de Carmelo Cabrera y el veterano Cristóbal Rodriguez teniendo que asumir la responsabilidad en ataque, a medida que el Emerson, con un juego compacto y serio, se crecía, y tras empatar a 55, lograba cuatro puntos de ventaja en el minuto 34 (63-67).
El drama empezaba a mascarse en un cada vez más silencioso Pabellón, llegándose a un final apretado en el que una canasta de Yelverton, marca de la casa, empataba el marcador a 75, mandando el encuentro a la prórroga, que bien pudo evitarse si el pequeño Giuseppe Gergati no falla un gancho en los últimos segundos.
El tiempo suplementario no hizo sino mantener la igualdad. Tras un arreón varesino (77-81) y cuando el Pabellón asistía estupefacto al vislumbre de la catástrofe, Rullán superaba a Morse y lograba canasta más adicional (80-81); tras pérdida de bola visitante, el Madrid falla dos tiros para ponerse por encima y el veterano base Aldo Ossola, solo, anota una bandeja en contraataque que pone el 80-83, al que responde Wayne Brabender con la última canasta del encuentro.
El fallo de Maurizio Gualco, que por otra parte hizo un gran partido, en el siguiente ataque italiano da una última oportunidad al Madrid, cuando, con 82-83 para los italianos, la bola llega al pívot suplente Luis Mari Prada que, sin tiempo en el reloj, se ve obligado a penetrar para anotar la canasta de la victoria, recibiendo una discutible falta de Ossola, que bien pudo ser señalada en ataque, en medio de las protestas de los italianos al colegiado búlgaro Aravadyan, una institución en el basket europeo a la sazón.
El joven pívot donostiarra, llegado varios años atrás a la plantilla blanca, embajador de otros vascos prometedores, como Juanma López Iturriaga o Josean Querejeta, se encuentra ante un reto peliagudo pero asumible, pues en aquel tiempo regía la norma del 3x2, que consistía en que el lanzador tenía hasta 3 posibilidades de lanzamiento para anotar dos tiros libres.
Si Prada metía uno, la segunda prórroga estaba asegurada, y si metía dos el Real partiría como favorito para ganar su séptima Copa de Europa el día 5 de abril en Grenoble.
Prada falló los tres, y entró en la leyenda negra del baloncesto madridista. De hecho, los 'tres tiros libres de Prada' son un tema recurrente entre los aficionados merengues, a pesar de que no existe video del partido, al menos en los circuitos de aficionados, y son raras –y sumamente contradictorias– las menciones en prensa acerca del evento.
Tras la desgracia, mientras los varesinos celebraban la victoria en la cancha, el Pabellón reaccionó de una asombrosa manera, que Claudio Piovanelli, enviado especial de Radio Varese, recuerda de la siguiente manera:
“La reazione del pubblico fu stranissima: i tifosi del Real si scatenarono immediatamente con un lancio di oggetti di ogni tipo: piovvero in campo lattine, giornali e quant'altro. Poi, dopo una quindicina di secondi di "sfogo", il loro comportamento cambiò repentinamente: in un attimo l'intero Pabellon si alzò in piedi a tributare un interminabile applauso ai giocatori della Pallacanestro Varese”.
Dos temporadas más duró Prada en el Madrid, injustamente perseguido por la sombra de la culpa, acusado por gente que olvidaba que apenas unos meses antes de aquellos malditos libres, una canasta suya había servido para ganar la Copa Intercontinental. Su calidad incuestionable determinó que varios equipos, entre ellos Estudiantes y Joventut, se interesaran por obtener sus servicios cuando quedó libre en 1981, aunque finalmente firmaría por el Caja Ronda.
→ Continúa





Escriba su comentario acerca de esta noticia: