Luis Guil ya es historia
Iván Serres
Luis Guil entró en la historia del Club Baloncesto Murcia por ser el entrenador que guió a este equipo hacia el récord de victorias (30) en la LEB. Ahora ya “es historia” porque, tras el citado éxito, con su destitución ha pagado los platos rotos de la desilusionante trayectoria en la ACB del UCAM. La paliza por 37 puntos de diferencia en el Palau Blaugrana ha sido el detonante. Lamento su cese y pienso que es un error.
Como entrenador, Guil es corresponsable de que el equipo esté con 4 victorias en 18 partidos. Es un balance decepcionante para unos directivos y un patrocinador que esperaban ver al equipo en la zona media y seguir creciendo más allá. Ese objetivo era ambicioso, a pesar de disponer para fichajes del dinero del traspaso de Vítor Faverani al Valencia Basket y el ‘cepillo’ aportado por la boyante patrocinadora Universidad Católica San Antonio de Murcia. Se incorporaron jugadores interesantes como el joven base Josep Franch (que no va mal) y los pívots James Augustine (el mejor de todos) y Robert Kurz (?).
Sobre el parqué, los jugadores han bajado los brazos o han visto nublado su criterio ante la impotencia de Guil en la banda. Quienes pensamos que el único objetivo razonable a principio de temporada era el de la salvación, entendemos que a Guil todavía le quedaba Liga por delante con un balance de 4-14 y la visita en casa de equipos más accesibles en la segunda vuelta.
El problema no era tanto las derrotas como el modo de producirse. La última contra el Regal Barcelona ha sido el detonante de la destitución. Que el UCAM fuese arrasado en casa por el Real Madrid duele, pero hay atenuantes como dar minutos a Kurz tras su lesión o al recién fichado Udoka con tal de se pusieran a tono rápidamente para enfrentarse a rivales más terrenales.
El problema grave fue que un rival directo como el Blu:Sens Obradoiro se pasease en cancha ajena por desconexión mental murcianista y que un partido ‘ganado’ como el del Lagun Aro Gipuzkoa se acabase perdiendo en menos de 10 minutos cuando estaba en juego tranquilizar a una afición que se había ilusionado y, además, acabar la primera vuelta liguera estando fuera de la zona de descenso. La falta de concentración de los jugadores ha sido letal para Guil, quien no obstante, en su despedida, se dirigió con cariño hacia ellos y éstos anteriormente le han defendido en público.
La dirección deportiva del UCAM es corresponsable de la situación. Kurz fue uno de los fichajes estelares al ser el segundo grana que más cobra, pero el noveno más valorado. Debió ser despedido antes de su lesión por bajo rendimiento. Durante la lesión, la ficha de extranjero recayó en el escolta anotador Matt Walsh, que se acopló rápidamente al equipo. Al recuperarse Kurz, el club mantuvo su apuesta inicial por él (arriesgada y loable decisión) y no renovó a Walsh (que se fue al Caja Laboral), cuyo papel lo acabaría asumiendo el comunitario Ime Udoka (a quien Guil veía con buenos ojos fichar).
Si no se despidió a Kurz antes porque se consideraba una pieza estratégica por su polivalencia, parecía lógico seguir quemando algunos cartuchos más (contra el Real Madrid y el Unicaja) para que el pívot cogiera la forma (yo habría preferido el pájaro en mano de Walsh para a corto plazo tener más opciones de victoria y, si procediera, buscarle un relevo más adelante).
Tras su reincorporación Kurz sólo ha podido destacar en los minutos de la basura contra el Barça (es decir, durante tres cuartas partes del choque) y ahora vuelve a ser el momento de relevarle. No entiendo (o al menos comparto) que la cabeza de Guil haya caído antes que la de Kurz, a quien va a costar encontrarle un relevo a la altura de las expectativas de pretemporada.
El ansia le está pudiendo a la plantilla del UCAM sobre el parqué y creo que también a la cúpula directiva por el despido fulminante de Guil, que pienso que era el recurso más fácil para exhibir que se toman medidas enérgicas tras el descalabro del pasado domingo televisado a nivel nacional por Teledeporte.
Ahora el UCAM se encuentra con un entrenador nuevo, Óscar Quintana, que tiene que afrontar dos partidos vitales para eludir la zona roja contra dos equipos accesibles (Joventut y Fuenlabrada) y sin apenas tiempo para implantar su táctica y modo de trabajo. Para este domingo contra la Penya Quintana apenas habrá tenido tiempo de remarcar el carácter de los jugadores, quienes han dado muestras de necesitar más fuerza mental en el momento clave.
El consejo de administración debió ser más frío y, teniendo en cuenta que todavía quedan 16 partidos (y que hay tres equipos ‘malos’ para dos plazas de descenso), Guil debería haber seguido al frente de la nave por lo menos durante dos más. ¿Enderezará Quintana el rumbo del club grana? Tiene tiempo y elementos para hacerlo. ¿Y el errático deambular de Kurz? Ése sería el mejor fichaje posible.
Guil se marcha de Murcia contento en lo personal, por lo acogedor de la ciudad con él y su familia. En esta ciudad logró un récord deportivo y vivió un ascenso soñado ante casi 8.000 espectadores que empujaron a los rojillos hacia la élite en una última jornada de infarto y que resolvieron ganando en el último segundo al C. B. Canarias.
Ahora se dedicará a seguir formándose como técnico en espera de un próximo destino y volverá a ponerse a disposición de la FEB para entrenar a las selecciones inferiores. Su trato con los periodistas como entrenador pimentonero ha sido exquisito, en el aspecto humano y en el profesional, al dar facilidades para el seguimiento informativo (y especialmente engorroso puede ser el de los que hacemos televisión).
Le deseo mucha suerte en esta etapa que acaba de comenzar de forma forzosa.






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