MadeinBadalona
Juan-Pablo G. de Quijano
Badalona fue paradigma de la industria textil, hoy golpeada por la crisis, y también la ciudad catalana fue y sigue siendo modelo de baloncesto trabajado desde la base con una de las canteras más prolíficas del país.
La popular Penya, cualificado representante del baloncesto nacional, ha añadido títulos y prestigio a su meritoria e inigualable labor pese a no poder competir económicamente con el poder bicéfalo de los dos clubes de ascendencia futbolística.
Por ello, el equipo badalonés se ha tenido que acostumbrar a convivir con la diáspora permanente de sus mejores jugadores, un inconveniente que, sin embargo, no es más que un recurso de supervivencia. Cuando eso sucede, a la mala noticia de la marcha de un jugador querido se suma la buena de la irrupción del sustituto, ya dispuesto a tomar el relevo hasta el nuevo reemplazo.
Ha sucedido muchas veces y, mayoritariamente en lo que es la especialidad de la casa: los bases. No uno, sino dos, se fueron esta temporada, Ricky Rubio y Pau Ribas, como antes sucedió con José Antonio Montero, Rafa Jofresa, Raúl López, Carles Marco, Ferran López o Albert Oliver, entre otros, un éxodo que fulminaría cualquier proyecto que no estuviera bien enraizado como el del equipo verdinegro.
Claro que el Joventut sería mejor equipo con Rubio y Rudy Fernández en sus filas y que con ellos tendría más opciones de ganar títulos, pero la realidad económica marca las leyes del mercado y el Joventut no puede retenerlos y debe de aceptar su partida como los padres deben de comprender también la de sus hijos.
Pero en el instinto de supervivencia la Penya mantiene su identidad y está siempre entre los mejores. El madeinBadalona, un sello de distinción, es además una garantía para el mercado. Ahora irrumpe Joseph Franch, otro base prometedor de 18 años, que por detrás de Valters y Mario Fernández busca también un lugar destacado en la historia del equipo badalonés. Tiene cualidades para conseguirlo. Y, posiblemente, no será el último. Su triunfo será también el del club, por encima de las victorias o las derrotas, como refrendo de una filosofía pura y próspera eleva al club badalonés a un estadio inalcanzable para todos los demás.





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