Bookmark and Share
Domingo 05 de febrero de 2012

Manresa, bressol de l'orgull

Deje su comentario  Ver comentarios 18-01-2010 23:32:33
Paco Rengel

Sirva el titular en catalán como modesto homenaje a Manresa, a su gente y a su equipo. Traduzco de inmediato: Manresa, cuna del orgullo (gracias por la traducción a Xavi Prunés). La magnífica fotografía de J. Alberch (ACB Photo) me ha dado pie a hilvanar estas líneas, más presididas por la emoción de grandes recuerdos que por la reflexión de un analista.

Casi siempre están ahí, con un presupuesto modestísimo, haciendo piruetas en la tesorería y funambulismo en la pista: los componentes del Manresa, ya sea Ricoh, TDK o Suzuki, están impregnados de un barniz especial que, paradójicamente, suele aguarse cuando cambian de aires. Es el espíritu del club, de la ciudad, de la historia. Por eso, Román Montañez parece que acaba de ganar la ‘Final Four’, cuando en realidad quizás está celebrando una canasta o, como mucho, un triunfo en la Liga ACB que les permite seguir alejados del descenso.

Las permanencias del Bàsquet Manresa se han convertido en cotidianas, y apenas se les presta atención. Da igual que cambien de jugadores, que cuando la cotización de los componentes de su plantilla sube éstos se vayan a otro club. Siempre encuentran soluciones baratas; jugadores que no han servido en otros sitios, en el Bages se transforman en vitales. Podría ser un misterio moderno de la ‘Moreneta’, a un paseo de Manresa.

He estado allí unas cuantas veces y me ha parecido percibir que la ciudad de 75.000 habitantes se recrea con la esencia de un pueblo, que la gente se trata con una familiaridad que te permite sentirte como en casa, que se respira el calor en las relaciones que desaparecen en las grandes urbes. En uno de mis viajes conocí a la madre de Felipe González (no confundan, éste es el auténtico del baloncesto), natural de un pueblo granadino. Nada más saludarla y darle dos besos, entablé un breve diálogo con ella. Después de escucharla pronunciar sus primeras frases y percatarme de que no había perdido un ceceo del acento de su lugar de nacimiento, le pedí que me dejara darle otros dos besos. La señora lleva allí medio siglo o más, y mantiene ese deje granadino tirando a jiennense que aprendió de joven.

Vi al Manresa ganar la Copa del Rey de Murcia, además junto a mis amigos mencionados, Xavi Prunés y Felipe González. Aquel triple de Creus desde la esquina. Ni siquiera en esos momentos de euforia nadie podía pensar en que un par de años después aquel equipo iba a ganar la Liga. Es la mayor proeza de la historia de la competición, sin lugar a dudas, y seguramente quedará para la posteridad.

Pues bien, cuando llegaron a la final contra el Tau de Scariolo, me llamaron: “¡Paco, vente al tercer partido de la final (los dos primeros se jugaban en Vitoria)!”. Y mi respuesta fue tan inmediata como convencida: “No, iré al cuarto partido para ver cómo ganáis la Liga”. “¡Bah! Paco, eso es imposible. Nosotros queremos disfrutar de la final, pero a eso no llegamos!

Con empate a 1 la eliminatoria se trasladó a Manresa, y yo empecé a gestionar los billetes para el viaje. Tal como les había vaticinado, iba a ver el cuarto partido y con 2-1 favorable a su equipo. Y allí fui. Estuve con Lorenzo Alocén en Barcelona y con él me fui al Nou Congost, donde viví con satisfacción la alegría desbordante de dos grandes amigos en el mundo del baloncesto, Xavi Prunés y Felip González.

Estoy orgulloso del ‘bresol de l’orgull’. Y de mi modesta y limitada relación con ellos.

Comentarios

Escriba su comentario acerca de esta noticia:

Nombre
Email
Comentarios
  Condiciones de Uso
 
Ir al principio de la página
Usuarios registrados
Usuarios registrados