Messina triunfa en el Real Madrid
Javier Dale
Vaya con el Real Madrid. Hace apenas siete meses causaba vergüenza ajena ante el Regal Barça, y llegaba a caer por 40 puntos en la Supercopa, donde perdió finalmente por 89-55. Concluía diciembre y el Madrid volvía a perder contra el Barça, esta vez por 95-75: 20 puntos de margen. “Al menos esta vez no ha sido por 40”, diría alguno, buscando un falso consuelo… que podría haber repetido en febrero, en la Copa, donde los blancos, aún con Messina en el banquillo, caían por 68-60. Sólo por ocho puntos.
Y el pasado 9 de abril, los blancos, ya con Messina fuera del equipo, se regalaron su primera victoria contra el Barça del curso, la segunda en dos años. Fue en la prórroga y por cinco puntos (77-72). En siete meses, la progresión es evidente: -34, -20, -8, +5.
¿Cómo ha sido eso? Hablando de enfrentamientos directos entre dos rivales, tiene un peso significativo el paso atrás dado por el Barça. Pero también el paso adelante dado por el Real Madrid, que ha sido más de uno.
Existe un punto de inflexión obvio, que es la dimisión de Messina. “El Madrid tiene que aprender a vivir con la necesidad de la victoria”, dijo el transalpino a poco de dejar el equipo. Es curioso: la necesidad de la victoria es una responsabilidad que hay que asumir. El proyecto blanco derivaba esa responsabilidad en el técnico, en el propio Messina. Era el proyecto Messina, el equipo de Messina, el talento de Messina. Ese prestigio era el escudo de los jugadores: sería el técnico quien triunfase o fracasase.
Sin Messina, son los jugadores los que están expuestos al triunfo o al fracaso. Son ellos los responsables de la victoria, de la derrota. Y de esa responsabilidad ha surgido la necesidad: necesitan ganar para no estar en el foco de la culpa.
Al final, Messina ha triunfado en el Madrid. Ha conseguido que un grupo de jugadores que se habían habituado a ser los segundos sientan la necesidad, la responsabilidad, de ser los primeros. De -38 a +5. De las dudas a la F4. De la complacencia al orgullo: eso es lo que ha dejado Messina tras su paso por el Madrid.
Qué impagable herencia.
(Sé y recuerdo que fue precisamente Messina quien dijo aquello de “si al final somos segundos… Lo intentaremos el año que viene”. Pero pasado un tiempo y visto con más ángulo el contexto… ¿No parece más una frase para provocar a los jugadores, para hacer que nazca su espíritu ganador, que una bravata conformista de un técnico que sólo ha sabido ganar… hasta dimitiendo?)



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