Miguel Delibes, un maestro al aire libre
Juan Carlos Real
Con motivo de publicar lo que serían las ‘memorias deportivas de un hombre sedentario’, como subtitulaba su libro, entrevistamos a Miguel Delibes para el semanario ‘As Color’ (número 197, de 19 de noviembre de 1989) y ello nos permitió ahondar en su radiante prosa para traer el recuerdo de los partidos de fútbol o de tenis, de sus paseos a pie o en bicicleta, de sus prácticas venatorias, de su vida al aire libre en definitiva. Buscaba la opinión sobre el deporte del maestro de las letras castellanas y la lección fue magistral, con la brillantez de su lenguaje, la sencillez de sus ideas y el dominio de la realidad.
En aquellos años, para mi maestro y paisano el tenis y el ciclismo por televisión eran sus favoritos como espectador. ¿Y para practicar? La caza, la caza con espíritu deportivo… “Llenar el morral suele ser el primer objetivo del cazador. El paseo, la naturaleza, ver trastear al perro, la soledad, el silencio del campo, importan menos”, nos decía entonces con la sinceridad propia de sus espontáneas denuncias. De la misma manera que nos confesaba que había dejado de asistir al fútbol cuando jugadores y árbitros quedaron separados de los espectadores por vallas: “Al margen de las rejas –¿quién está enjaulado, el público o los futbolistas? –, el profesionalismo exacerbado, la imposibilidad de que un equipo modesto alcance un título y el antiestético fútbol a la contra van alejando a la gente de los estadios. A mí no me sorprende nada”. De esto hace ya veinte años…
El amplio historial deportivo de Miguel Delibes arranca de la educación francesa ejercitada en él por su padre desde la infancia, que le llevó a saber nadar a los seis años, a montar en bicicleta y apearse sin ayuda de nadie y a heredar la gran pasión por las excursiones cinegéticas. Mantuvo siempre el espíritu deportivo, aunque obviamente las circunstancias y el paso de los años le obligasen a modificar hábitos y conductas. De la grada del campo de fútbol ha pasado al sillón frente al televisor, las largas excursiones en bicicleta irían quedando reducidas a paseos cortos en verano y recortando las sesiones de tenis y natación hasta que ya no respondían las fuerzas. Eso sí, su exaltación del deporte como una forma de placer se ha mantenido inalterable y esa filosofía quedaría plasmada en ‘Mi vida al aire libre’, uno de los muchos títulos de su magistral obra que nos pueden servir para paliar su pérdida.
Adiós, maestro. Descanse en paz.
• Las ilustraciones corresponden a la dedicatoria de Miguel Delibes en dos de sus libros.







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