Mil pares de ojos
Antonio Gómez Carra
Si uno se acerca a la sede del Estudiantes o últimamente al Palacio de los Deportes, los ve. Ahí están en la foto, en la repetitiva instantánea anual, de los niños y jóvenes del Colegio e Instituto Ramiro de Maeztu. Ojos alucinados, brillantes, soñadores, inquisitivos y, por qué no, de una bella profundidad. Lo observan todo, pero de manera ostensible contemplan el brillo del azul de las camisetas de siempre, las de los primeros equipos, desde pequeños se han ilusionado sus mentes con esa difícil utopía.
El reflejo de las luminarias en el parqué dan a la foto un aspecto triunfante, ellos acarician como propia la piel de los balones, que algún día les harán famosos. ¿Quién logrará colmar esas ilusiones? Hay muchos dilemas detrás de esa instantánea. Es muy posible que casi ninguno de esos mil pares de ojos vean lo rutilante de un marcador victorioso, al formar parte de una primera plantilla.
Muchos padres ilusionados quieren coadyuvar a subir los escalones de la fama e inclusive colaboran con ayuda económica, las arcas del club están casi exhaustas, pero eso hoy en día puede ser un logro imposible. Es factible que en el negativo de esa foto se pueda apreciar el brillo de unas lágrimas, que brotan de aquellos que han visto con impotencia, al transcurrir varias temporadas, que los del Ramiro ya no son los mejores. Luego, los que juegan son foráneos, adquiridos en otros pabellones, inclusive de allende de nuestras fronteras, por ser más altos, de otro color, con mejores padrinazgos.
El flash de la cámara hace parpadear a algunos, despiertan de sus sueños, aunque éstos les siguen haciendo sus esclavos. Detrás de la cámara hay muy poco, los que pasan por ahí y miran con curiosidad, pero casi ninguno se pone el mono de trabajo. Ahora ser buen entrenador no compensa, es igual; se buscará sacar unos euros más de un club casi en la ruina. Se olvidarán las enseñanzas, el sacrificio del técnico, con su altruismo de ‘patio de colegio de Ramiro’. Ya ni siquiera se compran coca-colas, sacadas de un exiguo sueldo, para celebrar victorias o derrotas, para estos chicos que pelean y sudan con aquel entusiasmo ancestral. Años atrás han sido los mejores y ya no; estos mil pares de ojos no llegarán a sudar la camiseta azul añorada, porque no les han enseñado a ello; interesa lo cotidiano de la primera plantilla, el trabajo con los de la foto no es muy importante.
La idiosincrasia y el espíritu de la cantera se pierden, existen muy pocos profesores de hombres y técnicos para el baloncesto de jóvenes. Todos los de la instantánea manejarán sus balones sin conocer muchos por qué; si es importante poseerlos o no, si es necesario dejar en la cancha sudor y sangre por su consecución. La inteligencia e improvisación del chico del Ramiro se agosta sin estímulos y los que, equivocadamente, pierden sus estudios buscando un éxito rutilante, arriesgarán su futuro, porque nadie da la mano; no hay, no existen ya, los que impulsaban a la mejor cantera del mundo.
• El autor es exentrenador de la cantera de Estudiantes






Enhorabuena po este artículo,el que sepa algo de ese club,el que haya pasado por RAMIRO,aún fugazmente, sabe muy bien de lo que hablas y de lo que sientes o sentis los que sois de cuna ramirense. Estudiantes, Ramiro (en lo que a baloncesto se refiere) se ha convertido en una empresa (muy mal gestionada por cierto, a la vista están los resultados) y las empresas no entienden de sentimientos,comercian, lo duro de este caso es que la matería prima son PERSONAS, son NIÑOS. Ojalá alguien se de cuenta de que lo que realmete vale y merece la pena está dentro de los muros de ese colegío, no fuera. Niños de cantera, entrenadores de cantera, tanto o mas válidos que los que traen de fuera, han sido expulsados (a veces por el hijo de tal o de cual, o por asuntos personales, no deportivos, eso lo he vivido yo). Insisto así les va. Quiero decir que mi comentarío es objetivo, gracias a DIOS, mi vinculación con ese club es nula.
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