Monumento a Martínez
Carlos Jiménez
En este momento, Estudiantes aún no está a salvo, pero tras ver el partido ante el Vive Menorca el día en que murió abril, creo que la familia Martínez se merece un monumento en el Ramiro de Maeztu, que podían colocar junto al busto dedicado a don Antonio Magariños. Juan Antonio, el padre, volvió de su retiro (con una raqueta de tenis en la mano) para ganar al Barcelona en su casa y salvar a Estudiantes de la Segunda División. Es una de las historias más emotivas de los 60 años del club, con Everett Fopma como americano y Fernando Bermúdez como entrenador sustituto en el banquillo.
Estamos ante otra de las Vidas Paralelas de Plutarco. Esta vez también hubo entrenador que cogía el tren en marcha (aunque a Velimir Perasovic yo le agradecería los flojos servicios prestados a final de temporada) y jugador que regresaba (esta vez de una lesión y del miserable olvido de su técnico) como Gonzalo Martínez, el hijo, ejerciendo de timonel, salvavidas, piloto y alma para su equipo.
Gonzalo tiene que entrar en la leyenda del club, junto a nombres ilustres que no vale la pena citar porque siempre se quedaría alguno olvidado injustamente. Yo, al menos nunca lo olvidaré. Y ahora... que la proeza sirva para algo y el equipo siga donde debe estar.





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