Mucho más que agentes
Ramón Trecet
El deporte de alta competición, incluidos los Juegos Olímpicos, es campo abonado para los negocios de marcas comerciales e intermediarios. El basket, más que cualquier otro deporte, ha elevado la figura del agente a cotas de tal importancia que los más famosos (David Falk en la época de Michael Jordan) se convierten en estrategas, dictadores, consejeros en la sombra y aguadores en época de sequía.
Sus consejos y sugerencias nunca son imparciales, puesto que tienen un grupo de entrenadores y deportistas a los que dar trabajo y justo es que, al menos en principio, lo hagan así. Ellos están en su papel. Primero te sugieren un nombre. Luego te lo intentan vender a precio de oro, aunque sepan que están ofreciendo plomo. Repito que están en su papel.
Los que no lo están son los directivos que por comodidad no se informan y durante años se ponen en manos del agente de turno y hacen la pregunta del que va al mercado a comprar pescado: "¿Están frescos los salmonetes?". ¿Qué va a contestar el pescadero? ¿Que no? Y así, el agente.
Únicamente un nivel de preparación y trabajo equivalente por parte de los directores deportivos y directivos igualará las negociaciones. Por extrapolar el tema ¿Es de recibo que al Madrid le coloquen a Cassano con diez kilos de sobrepeso? Si quieres a un jugador urgentemente, ¿es lógico tener que esperar mes y medio para que se ponga en forma? Por no hablar del que te quiere colocar un determinado entrenador que no se ajusta al perfil de tus necesidades, pero que es la siguiente ficha de dominó que en sus preferencias necesita colocar.
El agente sólo es el espejo de las carencias informativas profesionales de directivos y técnicos.






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