New York Knicks: entre el romance y la lujuria
Javi Rando
La madrugada del viernes, por fin pude ver un encuentro de Nueva York que me sirviera para evaluar el nivel de los Knickercockers. Muchas cuestiones por comprobar. ¿Será Mike D’Antoni capaz de cambiar la dinámica perdedora de una de las franquicias con más solera de la NBA? ¿Pretenden hacer algo real esta temporada o es simplemente de transición? Pero todo fue eclipsado a causa de ese hombre con pinta de Ben Affleck que machacaba el aro a la mínima ocasión: David Lee.
Menudo cuatro. Anota, resuelve, da soluciones y apenas falla, hasta es guapo. Un hombre alto completo en ataque, aunque carece de intensidad defensiva. Coge rebotes por inercia (ayudan sus 2’06 metros) y roba balones a sus compañeros de posición gracias a su rapidez de manos, eso le salva en las labores correosas del tren de los de D’Antoni. El rival en cuestión era Milwaukee Bucks y, en la mirilla del forward de Missouri, Andrew Bogut. Un duelo que no tuvo lugar por la repentina lesión del pívot australiano, que apenas disputó cinco minutos de partido. Los números de Lee hablan por sí solos: 32 puntos, 15 rebotes y un 66% en tiros de dos. Aunque lo más llamativo fue su guerra solitaria por la victoria, no sólo reflejada en la estadística, sino también en las sensaciones. A pesar de ello, derrota para los Knicks en casa ante unos muy enchufados Bucks.
Algo que lejos de desmerecer el papel del pívot, supone precisamente lo contrario. Ya que al de Missouri nadie le ha regalado nada desde que comenzara su periplo en la NBA. Una carrera que se reduce al equipo del Madison, que le eligió en la última posición de la primera ronda del ‘draft’ del 2005, lo que supuso una decisión acompañada de pitos por parte de los aficionados de los Knicks. Algo que el propio Lee se encargó de transformar en vítores en sus primeras tres temporadas, con números de un jugador más valido de lo que prometía.
Su explosión definitiva se produjo la temporada pasada, cuando mutó su papel en el equipo para pasar de 10’8 puntos y 8’9 rebotes por partido, en la 2007/08, a 16 puntos y 11’6 rebotes. Los continuos desequilibrios en los Knicks y el vacío de poder reinante en el equipo, con la herencia del desastre en los despachos de Isaiah Thomas todavía latente, le insuflaron a sacar el carácter de un líder en tiempos de crisis. Algo que en el Madison Square Garden necesitaban como agua de mayo.
Esta temporada estrenaba contrato: una temporada a razón de siete millones de dólares. Algo que se ha ganado, pero que no deja de ser una estrategia de la franquicia del Atlántico Norte para mantener a un jugador importante con un contrato que permita el año próximo liberar presupuesto. Con los ojos pendientes en King James, por supuesto. Paralelamente a los despachos, David Lee ha conseguido mejorar aún más su papel en la cancha y situarse en cifras de All-Star (20 puntos y 11’5 rebotes). Una cita en la que por cierto no estará a causa de una competencia de ‘jugones’ con los líderes de Atlanta, Josh Smith y Al Horford. Finalmente, el dominicano se ha llevado el gato al agua, dejando a ese pívot blanco de Missouri sin la posibilidad de romper la racha de los Knicks sin aportar un All-Star (Latrell Sprewell en 1999).
La cuestión que yo me planteaba es si de verdad el contrato de David Lee es incompatible con la obsesión neoyorquina de que Lebron James juegue en el Madison en la 2010/11. Me dejaba mis dudas el tema. Precisamente, después del partido señalado jugaron Cleveland Cavaliers contra NY Knicks: 47 puntos (35 al descanso), ocho rebotes y ocho asistencias para LJ. ¡Que se preparen en la Gran Manzana!







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